Devocionales

Nuestro Dios no es un Dios que no hace nada

29 de septiembre de 2020
Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. 1 Pedro 5:7 (NVI)

«¿Cómo puede Dios simplemente no hacer nada?»

Esta fue la pregunta vulnerable y honesta que recibí de alguien en la audiencia durante una reciente sesión de preguntas y respuestas. El dolor en su pregunta era profundo. El dolor de su fe era real. ¡Por el amor de Dios que entiendo cómo se siente eso!

Quizás tú también lo entiendes.

Recuerdo que me sentí muy desilusionada durante mi proceso con mi esposo, Art, cuando me fue infiel y nuestro matrimonio se derrumbó. Durante años, todo lo que pude ver desde mi punto de vista era que Art hacía lo que quería sin ninguna aparente intervención de Dios. Y cuando estás sufriendo tanto que cada respiración parece insoportable, y el que causa el dolor parece prosperar y prosperar, es fácil comenzar a asumir que Dios no está haciendo nada.

Pero no servimos a un Dios que no hace nada. Él siempre está trabajando.

Una de mis historias favoritas en la Biblia es la historia de José en el libro de Génesis. Caminó a través de años de rechazo, acusaciones falsas, encarcelamiento injusto. Pareciera que fue olvidado ... pero Dios estaba logrando algo que solo Él podía hacer con las circunstancias ante José. Estaba posicionando a José y preparándolo para ayudar a salvar las vidas de millones de personas durante una hambruna que de otro modo habría destruido varias naciones.

Dios siempre está haciendo algo.

A diferencia de la historia de José, a veces no podemos ver en este lado de la eternidad cómo Dios está obrando en nuestras experiencias más dolorosas. Pero puedo dejar que la forma en que Dios obró en la historia de José sea un recordatorio de Su fidelidad en mi historia.

He podido tener conversaciones con Art en nuestra reconciliación ahora, que me permiten volver atrás y corregir algunas de mis suposiciones de que la vida era divertida e increíble para él durante los años que estuvo viviendo una mentira. Dios todavía estaba obrando en mi esposo, incluso cuando no podía ver la evidencia.

Pero aún más que eso, el pecado en sí contiene un castigo implícito. Art te diría hoy que se sentía miserable en ese entonces. Se sintió atrapado dentro de una mentira que requería que montara un espectáculo, luciendo como si estuviera pasando el mejor momento de su vida. Pero ese espectáculo requería sustancias anestésicas que lo estaban matando. Era una trampa con dientes feroces cavados tan profundamente en su alma, que no puede hablar de esos años sin rogar a los demás que no se queden atrapados en este mismo tipo de pesadilla.

El pecado siempre se disfraza de diversión y juegos. Pero corre la cortina del corazón humano engañado, y lo que encontrarás escondido allí te llevará a arrodillarte para orar por esa persona. Y tal vez esa sea la razón por la que Dios nos instruye a orar por nuestros enemigos. Job 15:20 nos recuerda, “El impío se ve atormentado toda la vida, el desalmado tiene sus años contados” (NVI). Y Salmos 44:15 dice, “Todo el día mi ignominia está delante de mí, Y la vergüenza de mi rostro me ha abrumado” (NBLA).

Como dice San Agustín, un teólogo cristiano del siglo IV, el pecado "se convierte en el castigo del pecado". Pero nunca olvides que Dios está ahí en medio de todo. No importa lo bueno que alguien haga parecer las elecciones pecaminosas, esa no es la historia completa. Dios conoce toda la verdad. Con Art, Dios no solo estaba tratando de cambiar su comportamiento. Estaba rescatando su alma. Nunca hubo un momento en el que Dios no estuviera haciendo algo.

Ay, amiga, las angustias que llevas son enormes. Y si nadie más te ha dicho esto, quiero hacerlo: lamento mucho por lo que has pasado. Tu dolor importa. No solo yo me preocupo por ti, sino también Dios.

No te pierdas la tremenda ternura que encontramos en nuestro versículo clave de hoy, “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” (1 Pedro 5:7).

Sigue confiando en Él. Él te ve. Él te ama. Y Él sabe exactamente lo que debe suceder en cada detalle de tu historia. No sirves a un Dios que no hace nada. Sirves a un Dios que siempre trabaja.

Dios Padre, estoy muy agradecida por el recordatorio de que siempre estás haciendo algo. Ayúdame a seguir confiando en Ti, incluso cuando no entiendo lo que estás haciendo. Sé que me ves. Me amas. Y no me has abandonado ni un segundo. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Mateo 5:44-45a, Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. (NVI)

Recursos Adicionales

¿Qué haces cuando el tiempo de Dios parece cuestionable, Su falta de intervención dolorosa y Sus promesas dudosas? Lysa TerKeurst comprende esto profundamente. Pero también ha descubierto que nuestras decepciones pueden ser las citas divinas que nuestras almas necesitan para encontrarse radicalmente con Dios. En su libro, No debería ser así, Lysa nos invita a su propio viaje de fe con determinación, vulnerabilidad y humor honesto. ¡Adquiere tu copia hoy!

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¿Alguna vez has tenido una temporada dolorosa en tu vida en la que sentiste que Dios no estaba haciendo nada, pero al mirar hacia atrás ahora puedes ver evidencia de Su fidelidad? Permite que tu historia anime a otras escribiéndola en los comentarios de hoy.

© 2020 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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