Devocionales

Sobreviviendo a nuestras temporadas de sufrimiento

25 de marzo de 2021
Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el SÉNOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11 (NVI)

Sufrido no es una palabra que quiera como parte de mi historia. Significa tener o mostrar paciencia a pesar de los problemas. Para empezar, no quiero tener problemas, y mucho menos durante un período prolongado de tiempo.

Afortunadamente, el pasaje de las Escrituras de hoy nos anima para cuando no estamos seguras de poder soportar nuestra temporada de sufrimiento por un segundo más.

En Jeremías 29, los hijos de Israel recibieron noticias del profeta Jeremías de que iban a ser retenidos en cautiverio por Babilonia durante 70 años. Piensa en lo que son 70 años. Si tuviéramos que ir a prisión hoy durante 70 años, para la mayoría de nosotras eso significaría que probablemente moriríamos en cautiverio. Setenta años se sienten increíblemente largos, increíblemente injustos y terriblemente duros. Parecería una vida de penurias sin un salvavidas de esperanza.

Pero esto es lo que Dios le dijo al pueblo de Israel: “… Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años, yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes, y los haré volver a este lugar” (Jeremías 29:10, NVI).

Esta es la escena y el escenario donde luego obtenemos estas familiares y gloriosas promesas a las que me encanta aferrarme:

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes — afirma el Señor — planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré encontrar …” (Jeremías 29:11-14, NVI).

Dios le está asegurando a Su pueblo que Sus pensamientos e intenciones hacia ellos están firmes y establecidos. Sus planes son para su “bienestar”, no para hacerles mal. Su promesa segura y firme es de restauración.

Pero también les recuerda lo que deben hacer mientras esperan el cumplimiento de su promesa. Necesitan invocarlo. Necesitan buscarlo intencionalmente y de todo corazón.

Cuando buscamos a Dios, vemos a Dios. No vemos Su forma física, pero lo vemos en acción y podemos comenzar a ver más de lo que Él ve. La confianza crece. Si nuestro corazón está dispuesto a confiar en Él, nos confiará más de Su perspectiva.

Si queremos verlo a Él en nuestras circunstancias y ver Su perspectiva, debemos buscarlo a Él, Sus caminos y Su Palabra. Ahí es donde encontramos Sus buenos planes y promesas de esperanza y futuro.

Si nos encontramos en un lugar increíblemente decepcionante, un lugar en el que no queremos estar, es fácil comenzar a sentir que algunos de los buenos planes de Dios no aplican en nosotras. Incluso podemos caer en la mentalidad de que de alguna manera nos colamos entre las grietas de los buenos planes de Dios.

Pero la verdad es que Dios está más cerca de lo que a menudo nos damos cuenta. Él ve cosas que nosotras no vemos y sabe cosas que nosotras no sabemos. Él tiene una perspectiva desde donde está que le permite ver todas las cosas, el pasado, el presente y el futuro, desde el día en que fuimos concebidas hasta el día en que respiraremos nuestro último aliento, e incluso más allá de eso, hacia la eternidad. Él declara que es nuestro Salvador. Él es quien nos sostendrá. Y es más que capaz de hacer realidad Sus planes (Isaías 46:3-11).

Todas estas cosas fueron ciertas para los israelitas. Y son ciertas para nosotras.

Para los israelitas, la noticia de que estarían en cautiverio durante 70 años era una realidad absoluta. Pero la verdad de que Dios tenía un buen plan y un propósito que no les haría mal, sino para darles un futuro y una esperanza, esa promesa estaba en proceso durante todo el tiempo que estuvieron en cautiverio.

No leas esa última oración demasiado rápido. Las promesas de Dios para ti, también están en proceso. Ahora mismo. Incluso en circunstancias en las que todavía no puedes ver ninguna evidencia de que sea bueno. Solo recuerda, “todavía no” no significa “nunca”.

Clamemos a Él en medio de nuestro sufrimiento. Busquemosle con sinceridad y pidámosle que nos ayude a ver nuestras circunstancias a través del lente de la certeza de quién es Él, incluso cuando no estamos seguras de cómo saldrán las cosas. Él no nos olvida. Y nuestro sufrimiento no parecerá tan agobiante ni tan doloroso cuando sabemos que la perspectiva de Dios es usar cada segundo de nuestro sufrimiento para bien.

Dios Padre, gracias por recordarme que puedo confiar en Ti en la espera. Gracias por estar presente incluso en estos momentos. Sé que me ayudarás y confío en Ti en el proceso. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Isaías 46:4, Aun en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes; los sostendré y los libraré. (NVI)

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