Devocionales

Una madre cansada puede ser la más influyente.

25 de octubre de 2017
Y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9 (RVA-2015)

El criar hijas me ha brindado muchas oportunidades de entrenar a mis hijas para que sean mujeres valientes, audaces, independientes, fuertes y responsables. A medida que continúo en esta inversión diaria, me he dado cuenta de que a mi temprana maternidad le faltaba un ingrediente clave:

Me había olvidado de enseñarle a mis hijas el valor del descanso y el don de la ayuda.

Durante dos años, luché con una enfermedad crónica que requería intervención médica semanal. Esto afectó mi energía, fuerza y maternidad. No les dije la verdad a mis hijas sobre mis desafíos físicos. Conservé mi valentía exterior, pero ya no podía hacer todas las cosas que una vez podía hacer, y la maternidad tomó un papel secundario necesario para descansar y sanar.

Estaba cansada y débil, y todo lo que debía hacer por mi familia tenía que esperar. Esto me destrozaba hasta lo más profundo. Sentía que estaba abandonando mi deber.

Experimenté sentimientos de culpa y enojo por las cosas que me hacían sentir cansada e incapaz. Mis hijas merecían saberlo, porque necesitaba que ellas me ayudaran y Dios quería usar esta situación. Me estaba interponiendo en el camino para recibir Su Gracia y la ayuda y comprensión de mis hijas.

Cuando nuestros hijos ven que ponemos caras valientes y que damos más a todos a nuestro alrededor mientras que apenas nos aferramos a nuestra cordura y fuerza, lo que ven son mujeres sin límites y vacías de paz. La maternidad no tiene que ser una carga ni una fuente de orgullo, donde llevamos la bandera de la independencia y defendemos un falso mensaje de "poder hacerlo todo". Cuando somos honestas y claras sobre nuestras circunstancias, permitimos una infusión de esperanza y ayuda en nuestro mundo.

Los momentos más débiles de la maternidad pueden ser el incentivo para que nuestros hijos busquen la fuerza de Dios y vean Su poder. Si mantenemos nuestras necesidades ocultas de nuestros hijos, ¿cómo conocerán nuestra verdadera fuente de fortaleza? Tenemos que presentarlos al verdadero Redentor en todo nuestro dolor y debilidad. Me di cuenta de que estas preguntas merecían respuestas:

  • Si nuestros hijos no pueden ver a Dios trabajando en sus propios hogares, ¿cómo aprenderán a apoyarse en Él cuando salgan de nuestro espacio seguro?
  • Si nuestros hijos no se sirven unos a otros y soportan las cargas de los más cercanos a ellos, ¿cómo vivirán este principio bíblico más adelante en la vida?
  • Si nuestros hijos no han visto nuestra confianza en Dios, ¿serán un día adultos abrumados, olvidando quién los puede rescatar en sus momentos más bajos?
  • Si fingimos tenerlo todo bajo control todo el tiempo, ¿cómo sabrán nuestros hijos quién es el que realmente nos hace triunfar?
  • Si hay algo que habría cambiado en mi maternidad, sería esto: habría compartido mis debilidades y habría pedido ayuda. Hubiera sido honesta con mis hijas cuando estaba desgastada y apenas podía aguantar.

Así como el Señor instruyó al apóstol Pablo, nos recuerda en el versículo clave de hoy cómo el poder de Dios cobra vida en nuestra debilidad: Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:9 RVA-2015)

Hay que cuidar que nuestros hijos no nos vean como "mujeres fuertes" que no necesitan a nadie ni nada, mientras que en nuestro espacio privado nos desmoronamos. Una mujer verdaderamente fuerte y llena de gracia ama a Jesús más que a su orgullo e invita a los demás a ser parte de su trayecto espiritual. La maternidad cotidiana requiere la oración diaria y la urgencia de conocer más a Dios. Este es el regalo que le darás a tus hijos todos los días.

¡Madres, dejen que sus hijos vean que ustedes también necesitan a Jesús!

Señor, estoy agotada y cansada, y me siento sola. Concédeme discernimiento y dirección. Te pido que me ayudes a ser honesta y que envíes a otros a mi vida para que puedan atravesar este camino conmigo. Necesito esto ahora más que nunca. Sé que Tu gracia es suficiente, Señor. Yo creo en esto. Eres mi Redentor y confío en ti. Te lo pido en el Nombre de Jesús, Amén.

VERDAD PARA HOY

Proverbios 3:5-6, Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. (RVA-2015)

REFLEXIONA Y RESPONDE

¿Qué es lo que escondes? Si tratas de cubrir tus ojos cansados, tus huesos fatigados y tus palabras con lo que no es verdadero, ¿qué conocerán tus hijos acerca de la vida y de lo que significa apoyarse en Jesús?

Cuando alguien me pregunte cómo estoy, ¿responderé con una honestidad llena de gracia?

© 2017 por September McCarthy. Derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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