Devocionales

Mirar hacia atrás antes de seguir adelante

3 de enero de 2022
Recuerda cómo el SEÑOR tu Dios te guio por el desierto durante cuarenta años, donde te humilló y te puso a prueba para revelar tu carácter y averiguar si en verdad obedecerías sus mandatos. Deuteronomio 8:2 (NTV)

Pasó hace 20 años, pero recuerdo esa mañana con una claridad inusual.

Era el día de la mudanza, y mi única emoción era el alivio. Mi esposo y yo habíamos pasado una de las temporadas más difíciles de nuestra corta vida matrimonial. Hicimos malabares entre estudiar el posgrado y cambiar de trabajo, dimos el salto de convertirnos en padres, y caímos en la fosa del agotamiento. El estrés había sido intenso, y el dinero había sido escaso. Y aunque estaba agradecida por todas las cosas que aprendimos, no podía esperar más para atravesar la frontera del estado con nuestros hijos y empezar el siguiente capítulo de nuestra historia.

Pronto subiríamos todas nuestras pertenencias a un pequeño remolque rentado, pero primero, Dios me motivó a salir a caminar temprano en la mañana alrededor de la cuadra.

Lo último que quería hacer era darle la vuelta al camino peatonal que había recorrido mil veces. Estaba desgastada y agotada, muy cansada para llorar y muy débil para ponerme sentimental. Pero tampoco tenía fuerzas para pelear con Dios, así que cambié mis objeciones por obediencia y salí por la puerta.

Mientras volvía sobre mis pasos en las banquetas agrietadas de nuestro humilde vecindario, sentí al Señor invitándome a dar una mirada final a las imágenes familiares en ese lugar donde había llorado incalculables lágrimas y orado oraciones desesperadas.

Caminé por el lote baldío con pastos crecidos a la altura de las rodillas, y recordé a mi hijo pequeño regalándome con orgullo ramos de dientes de león cada vez que arrancaba la belleza dorada de esa zona con maleza descuidada.

Paseé por el porche blanco hundido con la mecedora avejentada y recordé a la vecina que me había invitado a un vaso de té helado mientras les servía a mis hijos un plato con galletas calientes.

Deambulé por la caja de arena en el parque y recordé a las mujeres que me ofrecieron empatía y ánimo cuando los pequeños jugaban a nuestro lado.

Pasé por la tiendita de la esquina en la intersección y recordé los barquillos con helado que comprábamos para celebrar las pequeñas victorias y los días especiales.

Y mientras la oscuridad de antes del alba daba paso a los rayos rosados del amanecer, me encontré mirando de cerca con una nueva perspectiva a mi pasado ordinario.

Mi recorrido alrededor del vecindario no estuvo marcado por un escenario deslumbrante o una alegría abrasadora, pero sí estuvo esparcido por una bondad sutil.

Sí, esa temporada fue difícil.
Sí, mi corazón fue lastimado.
Sí, mi fe fue presionada.

Y, aun así, esparcidos en medio de cosas que preferiría olvidar, estaban las gracias que necesitaba recordar.

Y mientras recordaba esos simples dones, vi más claramente la forma en la que Dios me había encontrado en la agonía de la dificultad y en el dolor de la decepción.

Él no me dejó para que atravesara yo sola las dificultades. Él estabilizó mis pasos con celebraciones humildes y belleza modesta. Él mantuvo a flote mi corazón con amistades inesperadas y amabilidad no solicitada.

Ése es el conmovedor poder de mirar atrás, antes de lanzarnos hacia adelante. Reajusta nuestra visión y revela la fidelidad de Dios. Afina nuestra memoria y fortalece nuestra gratitud.

Quizá por eso Moisés alentó al pueblo de Dios con estas palabras antes de que cambiaran la arena abrasadora del desierto por la tierra prometida tan esperada:

“Recuerda cómo el SEÑOR tu Dios te guio por el desierto durante cuarenta años, donde te humilló y te puso a prueba para revelar tu carácter y averiguar si en verdad obedecerías sus mandatos.” (Deuteronomio 8:2)

Moisés no estaba pidiendo a sus compañeros pobladores del desierto que embellecieran la difícil temporada que acababan de sobrevivir. Simplemente los estaba invitando a que reconocieran la presencia de quien había estado con ellos durante todo el trayecto.

El punto de mirar atrás no es quedarnos atrapadas en el pasado, sino de impulsarnos con una confianza renovada a nuestro futuro.

Así que hoy, al lanzarme de lleno en el 2022, sigo los mismos pasos de cuando tenía 28 años. Mientras digo adiós a un año que debilitó mi corazón y presionó mi fe, estoy tomando una caminata metafórica alrededor del vecindario del 2021.

Y mientras lo hago, pido al Espíritu Santo que revele la bondad y la gracia que no he podido ver. Porque recuerdo que, no importa lo turbulento que haya sido el camino, el Dador de buenos dones ha estado conmigo en cada paso.

Querido Jesús, gracias por nunca dejarme caminar sola. Dame ojos para ver Tus dones y Tu presencia al recordar este año que termina. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Santiago 1:17, Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces en quien no hay cambio ni sombra de variación. (RVA-2015)

Agenda algo de tiempo para mirar hacia atrás en oración el 2021. Agradécele a Dios por los dones que ves. Y en los comentarios, ¡déjanos saber cuáles son esos dones!

© 2022 by Alicia Bruxvoort. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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