Devocionales

Dios acoge nuestros sentimientos complicados

19 de septiembre de 2022
»La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo. Juan 14:27 (NBLA)

Evan y yo habíamos llegado finalmente a esa etapa de la vida en la que tenía sentido para nosotros ser anfitriones de reuniones familiares como Acción de Gracias o Navidad. Era demasiado caótico viajar con los niños, así que hacer que todos vinieran a nuestra casa parecía la opción más fácil.

Pero ser anfitrión tiene su lado negativo.

Si alguna vez has cocinado para una reunión familiar, sabes el gran desorden que se puede crear en muy poco tiempo. Tazones, cubiertos, platos sucios, ollas y sartenes… no hay superficie que quede sin cubrir.

Mientras todo el mundo parecía pasarlo bien, yo me asusté un poco. La enormidad del desastre que se había apoderado de mi cocina hizo que me preguntara: ¿vale la pena todo esto? Quiero decir, tal vez podríamos simplemente pedir una pizza. Algo tenía que ser más fácil que este desorden.

Pero cuando me senté a comer, rodeada de mis seres queridos, y di el primer bocado, descubrí que el desorden valía la pena. Verás, una cocina desordenada es señal de que se avecina un banquete espléndido.

Lo mismo ocurre con las emociones. Cuando te enfrentas a un trauma del pasado o a heridas ocultas, enfrentarte a tus sentimientos verdaderos puede hacerte sentir que estás hecha un desastre. Pero a pesar de lo que parece un desorden y un caos, algo bueno está por llegar. Cuando empieces a avanzar, rodeada de personas que se preocupan profundamente por ti y de un Dios que te ama, descubrirás que el desorden valdrá la pena.

Cuando se trata de procesar y manejar nuestros sentimientos, es importante recordar algunos hechos:

1. Dios puede soportar nuestras emociones fuertes. Sentir emociones fuertes no indica falta de fe o falta de confianza en Dios. Recordemos que Jesús sintió emociones fuertes, ¡y nadie dudó de Su fe o Su confianza! (Juan 11:35; Mateo 26:38; Marcos 3:5). Dios se encarga de nosotras cuando nos sentimos desesperadas, furiosas, aterrorizadas o abrumadas. Él quiere que le traigamos nuestras emociones y dejemos que Su Espíritu Santo nos señale la fuente de las emociones para que puedan ser sanadas. (Filipenses 4:6-7; 1 Pedro 5:5b-7)

2. Las emociones se vuelven más estables a medida que maduramos espiritualmente. Un árbol recién plantado se dobla y se balancea con la más mínima brisa. Pero a medida que crece el árbol, es más resistente a los elementos, es decir, más estable. Lo mismo ocurre con nuestras emociones y nuestra fe. Reencontrarnos con nuestros sentimientos después de largo tiempo puede hacernos sentir vulnerables, como un arbolito tierno a punto de ser desarraigado por completo. Sin embargo, a medida que crecemos y sobrevivimos a las tormentas de la vida, nuestra resistencia y estabilidad crecen junto con nosotras. A medida que seguimos sintiendo y sanando, aumenta nuestra confianza en que podemos sentir sin desmoronarnos por completo.

3. Las emociones no son indicativo de la presencia de Dios en nuestra situación. A veces, cuando estamos contentas, decimos que sentimos la presencia de Dios. Otras veces, sentimos Su presencia cuando lloramos. Pero nuestras vidas consisten en algo más que cimas y valles. Y podemos estar seguras de la presencia de Dios incluso cuando no podemos sentirla. Eso es porque la presencia de Dios no es un sentimiento; es un hecho. Te sientas o no cerca de Dios en este momento, Él está cerca de ti. Él anhela que experimentes Su presencia ininterrumpida. Jesús habló de este regalo a Sus seguidores en la víspera de Su muerte:

»La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo (Juan 14:27).

Un consejero, un maestro, alguien que trae paz — ¿no suena esto como alguien que necesitamos cuando estamos abrumadas por emociones fuertes? Nuestros sentimientos pueden ser complicados, pero nunca estamos solas en ello. Y podemos confiar en que un día, el desorden dará lugar a algo hermoso.

Padre, ayúdame a llevarte mis emociones fuertes. Puede ser complicado e incluso doloroso, pero confío en que Tú sanaras mis heridas ocultas y me darás paz. Te ruego que mi historia sea un faro de esperanza en un mundo herido. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Profundicemos

Filipenses 4:6-7, No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (NVI)

1 Pedro 5:5b-7, «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes». Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. (NVI)

¿Qué emociones difíciles necesitas llevar a Dios hoy?

© 2022 por Evan y Jenny Owens. Todos los derechos reservados.

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