Devocionales

Perdonando el último diez por ciento

3 de julio de 2020
Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—. Mateo 18:21-22 (NVI)

Casi desde el momento en que dijimos «sí, acepto» mi esposo y yo entramos en el mundo de «no sabía que estaba diciendo “sí” a eso.»

Los pecados secretos, dolores pasados y heridas profundas se desenvolvieron junto a los regalos de platos y toallas individuales. Nos encontramos viviendo una vida de casados muy diferente a lo que habíamos imaginado. Las heridas nos dieron muchas oportunidades de practicar el perdón. Desde el exterior, parecía que el perdón fluía libremente en nuestro hogar. Pero internamente, algo no estaba bien.

Como las ofensas se multiplicaron, luché para perdonar lo mejor que pude. Y, aun así, nunca sentí libertad. Mis labios hablaban el lenguaje del perdón, pero mi corazón estaba cada vez más atrapado en la amargura.

La tensión continuó durante años hasta que una noche, en el cuarto de oración durante una conferencia, Dios me atrapó con esta fea verdad cubierta de gracia: había estado perdonando a mi esposo sólo en un 90 por ciento... pero me mantenía reacia al último 10 por ciento.

En ese momento, la raíz de la descomposición de mi alma se hizo clara (¡y no eran las ofensas de mi esposo!). Como Dios me lo reveló tan firme y amablemente, mi porcentaje de perdón no era perdón en lo absoluto.

Me pregunto si puedes identificarte con esto…

Heridas profundas han desgarrado tu corazón. Anhelaste avanzar y perdonar como Jesús nos indicó, y tal vez pensaste que lo habías hecho. Quizá te ha lastimado la misma persona una y otra vez. Y le has perdonado una y otra vez ... sin embargo, una sensación persistente te nubla la vida.

Como yo, te levantas un día y te preguntas por qué tu corazón se siente tan duro. ¿No has perdonado lo suficiente?

Tú y yo no somos las únicas que luchamos por perdonar totalmente. En el Evangelio de Mateo, el apóstol Pedro le pregunta a Jesús dónde marcar esa “línea” del perdón, por decirlo de alguna manera:

Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? - No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces, le contestó Jesús (Mateo 18: 21-22).

Para nuestra sorpresa, Jesús no estaba especificando un número. No estaba determinando cierto porcentaje a perdonar. Cuando dijo “setenta y siete veces” (o "setenta veces siete" como lo expresa algunas versiones), indicó un perdón ilimitado, total y completo.

No un 90 por ciento. Ni siquiera el 99 por ciento. Cien por ciento de perdón, cada vez, siempre.

El verdadero perdón «te libera». Abre las puertas de la “prisión” donde hemos mantenido a quien nos ha ofendido. Hacer tal cosa puede hacernos sentir que estamos librando a alguien culpable, así que pareciera natural, incluso justo, conservar bien guardado un poco de resentimiento.

Pero como la Palabra nos muestra, la verdad es clara: estamos llamadas a perdonar como Jesús nos perdonó. Él no simplemente redujo nuestra deuda. La canceló por completo.

Querida amiga, sé que el perdón es algo muy difícil. Sé que puede ser insoportable y algunas veces incluso, irrazonable frente al daño que hemos sufrido. Pero debemos recordar que Dios no nos pide que perdonemos sin una buena razón. ¡Nos pide que perdonemos porque sabe que es el único camino hacia la libertad y la restauración que nuestro corazón herido anhela!

No podemos estar completas mientras nos aferramos a si quiera ese uno por ciento de falta de perdón.

Con las mejillas llenas de lágrimas y la voz temblorosa, llamé a mi esposo aquella noche después de lo ocurrido en la sala de oración, para confesarle mi amargura y resentimiento. Con la tierna ayuda de Dios, extendí mis manos y perdoné a mi esposo completamente, pidiéndole lo mismo a cambio. Finalmente, mi corazón experimentó la libertad profunda y duradera que le faltaba.

Así que hoy, entremos en esa libertad extendiendo el perdón total y completo a quienes nos han ofendido. Liberémonos de la amargura y sanemos nuestras almas. El Salvador que nos perdonó, incluso cuando estaba colgado de una cruz, nos fortalecerá para hacer lo mismo.

Esa es una promesa en la que podemos contar el 100 por ciento del tiempo.

Querido Padre celestial, ¡oh, cómo luchan nuestros corazones por perdonar total y completamente! Te agradecemos por mostrarnos ese perdón al perdonarnos a nosotras. Ayúdanos a perdonar libremente y a soltar la amargura, y concédenos la fuerza para confiar en que Tu manera es la mejor. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Salmo 86:5, Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan. (NVI)

Colosenses 3:13, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. (NVI)

Reflexiona y responde

A quién en tu vida estás luchando por perdonar completamente? ¡Deja un comentario a continuación para que sepamos cómo podemos orar por ti!

© 2020 por Meredith Houston Carr. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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