Devocionales

El final feliz que nuestros corazónes realmente necesitan

3 de febrero de 2021
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. 1 Corintios 13:7-8a (RVA-2015)

Siempre he sido una fanática de la celebración de eventos especiales y días románticos. Ya sea el día de San Valentín o un aniversario, regálame todas las rosas, chocolates y cenas románticas con comida deliciosa.

Pero en nuestro cuarto aniversario de bodas, mi esposo y yo nos separamos después de llegar a un punto de discordia. Para nuestra “celebración” me encontraba sola en nuestra casa de los años 50 (que estábamos arreglando), mientras él se quedaba con un amigo, como si fuera un universitario. Pero esto no era la universidad.

Mientras lloraba con mi pinta de helado, recordando los años anteriores, me sentí conmocionada por el dolor. Este no fue el final del cuento de hadas de “felices para siempre” que anticipé cuando dijimos “Sí, quiero”. No, nuestra historia de amor no se parecía en nada a lo que había imaginado.

La angustia ocupaba los espacios donde se suponía que estaba la felicidad. El matrimonio no estaba resultando como esperaba. La vida no estaba resultando como esperaba.

La falta de armonía me dejó exhausta, desanimada y preguntándome: ¿Cómo terminé aquí?

Nuestra boda, como muchas bodas, incluyó una lectura de 1 Corintios 13, el famoso “capítulo del amor”. El versículo clave de hoy, 1 Corintios 13: 7-8a nos dice: Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

Cuando estamos paradas en el altar, sintiéndonos como la princesa de nuestro propio cuento de hadas, vivir las palabras de este pasaje parece inevitable, quizás incluso fácil. Pero, ¿qué pasa cuando la vida real se entremete en nuestros matrimonios?

Cuando se manifiesta la adicción.

Cuando la tensión financiera te abruma.

Cuando aparece la infidelidad.

Cuando te hunde el peso colectivo del estrés.

Cuando ya no puedes soportar, creer, esperar o aguantar... cuando seguir amando parece un pedido demasiado grande.

El amor al que se refiere Pablo en este pasaje va más allá de nuestra definición sencilla.

Pablo usa la palabra griega ágape, tres sílabas que llevan el peso de la forma más elevada y santa del amor. Ágape es el amor que Dios derrama con gracia sobre nosotras: puro, incondicional y dado para nuestro mayor bien. De hecho, Dios es la fuente misma del amor ágape. 1 Juan 4:7 nos dice – Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (RVA-2015).

En nuestros mejores días, no somos naturalmente capaces de derramar este tipo de amor en los demás. Ya sea para un esposo, un(a) hijo(a), una amiga o una compañera de trabajo, nuestro amor frágil y basado en los sentimientos nos falla. El cuento de hadas se desmorona.

Incluso con nuestra propia fuerza, con toda nuestra fuerza de voluntad y nuestros nudillos blancos, vivir el amor de 1 Corintios 13 es verdaderamente imposible. Pero Jesús murió para que pudiéramos recibir el amor firme y fiel que anhelan nuestros corazones humanos. No de otro ser humano, sino de Jesús mismo.

Y mientras Su amor ágape se derrama sobre nosotras, Él a su vez nos da la fuerza para derramarlo en nuestros matrimonios difíciles, amistades y relaciones familiares.

Por la gracia de Dios, mi esposo y yo hemos celebrado muchos más aniversarios desde ese año doloroso en el que “felices para siempre” se derrumbó. A través de los años, hemos aprendido que el final del cuento de hadas que realmente necesitamos se parece a dos personas imperfectas, dejando que el amor perfecto del Padre fluya hacia y a través de ellas, plenitud de gracia un día a la vez.

Sin embargo, me doy cuenta de que esta no es la historia de todas. Quizás tu historia se parece a la separación que experimenté ... y luego un divorcio finalizado. Quizás tu historia se parece a la de un esposo que te abandonó o fue arrebatado de ti y de esta tierra demasiado pronto. O muy posiblemente, nunca has tenido un esposo, y temes que es demasiado tarde para el cuento de hadas que anhelas.

Pero, querida amiga, donde terminan nuestros cuentos de hadas, comienza la historia de la redención de Dios.

¿Dejarás que el amor de Jesús se filtre por las grietas de tu corazón y las grietas de tus relaciones? A la luz de Su amor ágape, lo que parece un final puede ser un nuevo comienzo.

Querido Jesús, sabes cuánto lucho por extender amor en mis relaciones difíciles. Gracias por cubrirme con el amor perfecto que mi corazón tanto desea. No importa cómo sea mi cuento de hadas, lléname con Tu amor ágape y concédeme la fuerza para extenderlo a los demás. En el Nombre de Jesús, Amén.

Verdad para hoy

Efesios 4:2, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. (NVI)

1 Pedro 4:8, Sobre todo, tengan entre ustedes un ferviente amor, porque el amor cubre una multitud de pecados. (RVA-2015)

Recursos Adicionales

¿Puede el amor de Dios salvar a cualquier persona? En Amor Redentor, la autora Francine Rivers vuelve a contar la historia bíblica de amor de Gomer y Oseas en un relato ambientado en el emocionante trasfondo de la fiebre del oro de California. La protagonista, Ángela, es una joven que fue vendida a la prostitución cuando era niña. Miguel Oseas es un hombre piadoso enviado a la vida de Ángela para atraerla al amor redentor del Salvador. ¡Compra el libro para ti o una amiga hoy!

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© 2021 por Meredith Houston Carr. Todos los derechos reservados.

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