Devocionales

Ver a Dios en medio de tus planes estropeados

Brenda Bradford Ottinger 16 de julio de 2021
Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del SEÑOR prevalecerá. Proverbios 19:21 (NTV)

Muchas veces he soñado despierta sobre vivir permanentemente de vacaciones, pero esta no es la manera en que imaginé que sucediera.

Después de mudarnos a una nueva ciudad por motivos de trabajo, no pudimos encontrar un hogar para nuestra familia que se ajustara a nosotros o a nuestro presupuesto, a pesar de lo mucho que lo intentamos. Sorprendentemente, nuestra nueva ciudad incluso tenía una lista de espera para apartamentos.

Y así fue como la habitación 229 de un hotel se convirtió en nuestra dirección por un tiempo.

Esto no era lo que teníamos en mente al planificar nuestra mudanza, pero una gracia azul y brillante acompañó la vida del hotel, una piscina.

Día tras día, mis hijos y yo bajábamos rápidamente las escaleras hacia el agua, ya que en poco tiempo la piscina se había convertido en nuestra vía de escape de la habitación pequeña y sus paredes imponentes.

Aunque esos meses de vida en el hotel son ahora recuerdos remotos del pasado, hay una tarde extraordinaria que nunca olvidaré; pues no teníamos ni idea de la cita divina que Dios había programado para nosotros ese día.

Verás, mis hijos hacían nuevas amistades para jugar casi tan rápidamente como se ensuciaban, y ese día no fue la excepción, ya que rápidamente se hicieron amigos de un niño en la piscina.

Las risas llenaron el patio mientras el sol se escabullía en el horizonte, hasta que finalmente llamé a mis hijos para que entraran a cenar.

Mientras los chicos se despedían de su nuevo amigo, yo recogí nuestras cosas, y allí en el crepúsculo de esa tarde humilde, Dios ofreció un vistazo a Su agenda de citas divinas.

«Gracias. Gracias, más de lo que imaginas»,, expresó una voz cálida.

Me volví para escuchar como una madre agradecida hablaba de un hijo que era diferente, al que rara vez se le incluía, que estaba acostumbrado a ser el observador solitario, no el amigo buscado.

Vaya, pensé. Supuse que ese día habíamos ido a la piscina para escapar de las paredes molestas de una habitación de hotel; había pensado que estábamos allí de pasada porque no podíamos encontrar un hogar.

Sin embargo, justo en medio de mis planes estropeados, Dios me dio una nueva perspectiva de las innumerables maneras invisibles en las que estamos encargadas de citas divinas.

Ese día, mi familia se encontró viviendo la verdad del proverbio de Salomón, “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del SEÑOR prevalecerá” (Proverbios 19:21).

Habíamos hecho muchos planes, sí: planes que no se ajustarían a nuestro calendario, planes que no incluían criar a nuestra familia en una habitación de hotel.

Sin embargo, habíamos olvidado que Dios sabe lo que es sentirse como en casa en lugares extraordinarios. Jesus dejó las glorias del cielo por la gravedad de la tierra para cumplir con el mayor propósito de todos, convertirse en el Salvador del mundo (Juan 6:38-40). Y, durante Su ministerio en la tierra, a menudo dormía al aire libre en el Monte de los Olivos, sin llamar hogar a ningún lugar (Lucas 21:37, Mateo 8:20). Luego después de Su resurrección y regreso al cielo, el Espíritu Santo vino a habitar en el interior de cada creyente (Juan 14:16-17).

Este mismo Dios que hace Su hogar con nosotras ordena íntimamente nuestros días, planta nuestros pies en lugares oportunos y entreteje un propósito en nuestras historias. Ese día me di cuenta de que la vida no se trata solamente de encontrar un lugar al que llamar hogar sino de sentirnos en casa con Sus planes, disponibles para citas que nunca imaginamos.

Esa noche, subí las escaleras hasta la habitación 229 con un nuevo entendimiento del propósito ligado a las partes agotadoras de la vida, mientras vivir apretados en un hotel se convirtió en una ofrenda digna al Protector de los calendarios  eternos.

Porque aquel día vi el propósito en los ojos agradecidos de una madre, en las risas de un niño acogido, en la cadencia sagrada de la canción de rendición: Heme aquí, Señor. ¡Envíame a mí!

Querido Señor, gracias por ordenar mis días para Ti. Que mi corazón esté disponible a cada cita divina que programes. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Isaías 6:8, Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí! (NVI)

Efesios 2:10, Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (NTV)

¿Qué citas divinas ha programado Dios en tu vida? Nos encantaría escuchar tu historia en los comentarios.

© 2021 by Brenda Bradford Ottinger. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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