Devocionales

Sé amada, mi amada

Aubrey Sampson 13 de diciembre de 2021
Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el sexto día. Génesis 1:31 (NVI)

Mi frente estaba presionada contra la ventanilla de un avión, cuya presión aliviaba mis náuseas y afortunadamente, impedía que vomitara.

Tener que usar una de esas pequeñas bolsas blancas para vomitar era una opción inaceptable, especialmente porque estaba sentada junto a un tipo que, apenas segundos antes, había terminado con nuestra relación.

Habíamos estado saliendo durante casi un año. Y justo antes de esta escapada de fin de semana con nuestro pequeño grupo de amigos, me había dicho que me quería… escucha lo que sigue… por mi potencial.

«Te amo por tu potencial». Literalmente, así lo dijo.

Lo que quería decir, me explicó, era que si mejoraba mi gusto por la música y el arte y empezaba a ver el mundo a través de otros lentes (sus lentes, supongo), entonces sería digna de su amor. También me dijo que debería hacer un poco más de ejercicio.

«Un día, podría verme totalmente enamorado de ti… cuando estés preparada para mí».

Me di cuenta que me había pesado en la balanza de otra persona, y no sólo en la suya, sino, de muchas otras formas y en muchas otras ocasiones, en las balanzas de innumerables personas, donde desesperadamente trataba de lograr algún tipo de valor. Y quiero decir que si el valor de toda tu vida y tus dones, dependen de los caprichos inconsistentes de una persona en particular o de un grupo de personas... bueno, no es un buen lugar para estar.

Incluso antes de que este chico entrara en escena, yo misma me había asignado algunas falsas etiquetas, como hacemos muchas de nosotras. Me aferraba a nombres destructivos, como “rechazada”, “indigna”, “incapaz de ser amada” o “insuficiente”.

Pero para sanar esta falsedad, necesitaba creer en el primer nombre que Dios me dio: Amada.

“Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos.” (Efesios 1:4, NTV)

El poder que trajo a la existencia el remolino de estrellas, la nieve deslumbrante, los amaneceres de verano y el cosmos entero, el poder que se encarnó, cargó con una cruz y conquistó la muerte y el mal, respiró un nombre desde Su infinito amor por ti. Es tu primer nombre y tu nombre más verdadero: Amada.

Este nombre ha existido desde hace mucho tiempo. Mucho antes de la caída, mucho antes de que Dios les diera a Adán y Eva un jardín paradisíaco, mucho antes de que Dios les encargará cultivar la tierra y gobernar sobre ella, antes de que hicieran algo significativo o digno de mención, Dios pronunció bendiciones de bondad sobre ellos simplemente porque existían. «¡Son muy buenos!», fue la sincera proclamación de Dios.

Sobre Adán y Eva (y sobre ti también), Dios declara con deleite, afecto y aprobación divinos: «¡Son muy buenos!». Y no es exagerado suponer que “amada” está dentro de esa frase.

Lo cual tiene sentido. Al fin y al cabo, son afirmaciones sobre el valor innato y el placer que Dios tiene y siente por ti.

Es como si, al surgir el orden creado, Dios hiciera un anuncio sobre ti, una transmisión para que todo el sistema solar lo escuche. Dios te nombró con la fuerza suficiente para atravesar el tiempo y el espacio: ¡Eres muy buena, mi amada! ¡Amada mía, eres muy buena!

Afortunadamente, después de ese viaje en avión, no tuve que volver a hablar con esa persona. Pero cada vez que ese mismo sentimiento de indignidad o de rechazo aparece, cada vez que empiezo a buscar la aprobación, tengo que detenerme, recordar y decir esta verdad sobre mí misma:

“Respira, alma. Tranquilízate, corazón. ¿Por qué te esfuerzas? ¿Qué buscas? Ya tienes la aprobación y el amor de Dios en Cristo. Ya eres conocida y aceptada. Sé amada, mi amada”.

Vive desde tu aprobación en Cristo, no por la aprobación de nadie más. Vive como la Amada que ya eres.

Jesús, gracias porque eres el Amado de Dios, y por tu amor por nosotras en la cruz y en tu resurrección, abriste el camino para que fuéramos amadas. Que siempre camine con humildad, pero también con la cabeza en alto, como Tu Amada, para Tu gloria y Reino. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Profundicemos

Mientras meditas en Génesis 1:31 y Efesios 1:4, reflexiona sobre estas preguntas:

1) ¿Dónde lucho con desesperación por ganar aprobación?

2) ¿Cómo puedo interiorizar y vivir desde mi identidad como amada de Dios? ¿Cómo puedo llevar a quienes me rodean a hacer lo mismo?

© 2021 por Aubrey Sampson. Todos los derechos reservados.

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