Devocionales

Experimentar el consuelo de Dios persiguiendo atardeceres

23 de septiembre de 2022
Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, Y salva a los abatidos de espíritu. Salmo 34:18 (NBLA)

Mis hijas tenían 2, 5 y 8 años cuando su papá partió al cielo. Recibimos su diagnóstico de cáncer en mayo, y se fue al cielo cuatro meses cortos después. De repente me convertí en una nueva madre soltera y sentí que mi mundo estaba completamente al revés.

Mi esposo y yo éramos directores de una organización sin fines de lucro en Haití. Tomé la difícil decisión de retirarme del ministerio para poder hacer espacio para el duelo con mis hijas y encontrar una nueva normalidad. Nos mudamos de regreso al centro de California para poder estar cerca de nuestra familia y de nuestra comunidad.

Durante esa temporada, el dolor se sintió duro y pesado como si estuviera cargando una roca en mi espalda. No solo estaba en duelo por la pérdida de mi esposo y la pérdida de nuestro ministerio, también estaba ayudando a mis tres hijas a superar sus propias pérdidas. Sabía que no podíamos simplemente orar para alejar nuestro dolor o apresurarnos a través del proceso de duelo.

Cada jornada de duelo es única. Cada una de mis hijas tenía diferentes necesidades y diferentes formas de procesar lo que estaba pasando. Intentamos hacer de nuestro hogar un espacio seguro para todos los sentimientos y para todas las preguntas.

En esa época, comencé una rutina nocturna de pausa para ver el atardecer juntas. Nos sentábamos en el pórtico trasero o nos deteníamos a un lado de la carretera y saboreábamos los colores del atardecer bailando en el cielo.

Nuestro Dios Creador, el Artista Maestro, se reunía con nosotras en las pinceladas del sol dorado y brillante y la hierba verde esmeralda. Las chicas señalaban las cintas de color rojo rubí y amatista profundas que se paseaban por el cielo azul zafiro. Sonreíamos y nos deleitábamos con los colores como de joyas. Cada noche la puesta de sol era única.

Esta fue la forma en que Dios nos ofreció consuelo en nuestro dolor. Se sentía como un beso de papá en el cielo. Dios nos ofrecía Su presencia a través de la Creación. Lo sentíamos muy cerca. No podía explicarlo, pero mis hijas pequeñas también lo sintieron.

El Salmo 34:18, donde David ofrece este recordatorio, es uno de mis versículos bíblicos favoritos: “Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, Y salva a los abatidos de espíritu”.

David enfrentó mucha oposición, pérdida y dolor en su vida. Pero este salmo y otros nos recuerdan que Dios no nos deja solas. Experimentaremos pruebas y tristezas, pero Él siempre está cerca.

A medida que mis hijas y yo perseguíamos juntas los atardeceres, noche tras noche, Dios comenzó a sanar nuestros corazones.

No creo que alguna vez podamos “superar” nuestro dolor en este lado del cielo, pero sí podemos aprender a bailar con él. Podemos aprender a compartir las lágrimas y atesorar los recuerdos cuando están frescos en la mente. Experimentamos la gloria de Dios en medio de nuestro dolor... y Él nos ayuda a avanzar de maneras grandes y pequeñas.

Querido Dios, cuando el dolor amenaza con abatirnos o abrumarnos, ¿te encontrarás con nosotras allí? Muéstranos Tu gloria en los amaneceres y los atardeceres. Recuérdanos que nunca estamos solas. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Isaías 53:3, Fue despreciado y desechado de los hombres, Varón de dolores y experimentado en aflicción; Y como uno de quien los hombres esconden el rostro, Fue despreciado, y no lo estimamos. (NBLA)

¿Qué te aflige en esta temporada?

Todas hemos experimentado pérdidas en estos últimos años. Podría ser la pérdida de una amiga o familiar, la pérdida de un trabajo o la pérdida de una comunidad o familia de la iglesia. ¿Cómo te consuela el recordar las experiencias de Jesús con la tristeza y el dolor?

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© 2022 por Dorina Lazo Gilmore-Young. Todos los derechos reservados.


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