Devocionales

Querido Dios, ¿por qué no me has dado…?

Lysa TerKeurst 25 de noviembre de 2022
La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; El testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del SEÑOR son rectos, que alegran el corazón; El mandamiento del SEÑOR es puro, que alumbra los ojos. Salmos 19:7-8 (NBLA)

Recuerdo el día en que cerré mis ojos mientras caían las lágrimas y susurré, «Dios, por favor, quita este anhelo de mi corazón o muéstrame Tu respuesta. Simplemente no creo que pueda seguir esperando por algo que ya no parece posible».

Si has orado algo parecido, sabes que es un momento de desesperación. Y es justo ahí donde nuestras vidas pueden ir en una de dos direcciones:

  1. Podemos inclinarnos hacia Dios y aprender a confiar más plenamente en Él.
  2. Podemos mirar dentro de nosotras mismas para encontrar soluciones temporales, adormecernos para no tener que sentir el dolor o escuchar los guiones desesperados que corren por nuestras mentes, lo cual solo nos deja más vacías.

Uno de esos guiones en los que me he encontrado enredada suele ser algo como esto:

Yo podría ser realmente feliz y estar satisfecha si tan solo tuviera

Más recursos.
Previsibilidad y paz en mi hogar.
Más tiempo.
Relaciones sin complicaciones.
Amigas que fueran más comprensivas.
La capacidad de ver un futuro en el que realmente estoy bien.

 

No sé cuáles sean tus declaraciones de “si tan solo tuviera”, pero sí sé esto: ninguna de ellas traerá satisfacción plena. Pueden traer momentos temporales de felicidad, pero incluso esos momentos no serán tan perfectos como los imaginaste. Es muy difícil no buscar soluciones de nuestra propia creación más que esperar en la manera de Dios o en el tiempo de Dios. La verdad es que, aparte de una relación próspera con Dios, incluso si recibiéramos todo en nuestra lista, todavía habría un vacío en nuestra alma.

Si estuviéramos tomándonos un cafecito juntas, procesando todo esto, aquí es donde te entregaría esta Palabra de Dios contigo: “La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; El testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo. Los preceptos del SEÑOR son rectos, que alegran el corazón; El mandamiento del SEÑOR es puro, que alumbra los ojos” (Salmos 19:7-8).

En lugar de decir "si tan solo yo tuviera" y llenar el espacio en blanco con alguna persona, posesión o posición, podemos tomar la decisión de reemplazar esa declaración con la Verdad de Dios. Estos son algunos ejemplos:

Personas.

Ya no me detengo en “si tan solo mi padre biológico me amara”. En cambio, recuerdo que Dios “es Padre de los huérfanos” (Salmos 68:5, NVI), cuyo amor por mi perdura para siempre (Salmos 136).

Tal vez tu vacío no existe debido a un padre ausente, sino por una amiga que te lastimó o te rechazó. O los hijos que has anhelado tener pero que aún no tienes. Cualquiera que sea ese vacío, Dios tiene el ajuste perfecto para ello.

Si te encuentras aquí hoy, ora esta paráfrasis de Lucas 1:78-79 conmigo: debido a la tierna misericordia de mi Dios por la cual el sol naciente vendrá a mí desde el cielo, para brillar sobre mi oscuridad y en lo que se siente como la sombra de la muerte para mí — encontraré paz.

Posesiones.

Ya no me obsesiono con las cosas que desearía tener ni me comparo con los demás. En cambio, redirijo mi enfoque cuando recito las palabras de Mateo 6:19-21: »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (NVI).

Cualquier posesión que anhele, sin importar cuan buena puede parecer, solo será buena por un tiempo limitado. A la luz de la eternidad, cada posesión está en proceso de romperse, devaluarse y eventualmente nos será arrebatada. Si fijo mi corazón únicamente en adquirir más cosas, me sentiré más vulnerable con la posibilidad de pérdida.

Las posesiones están destinadas para ser apreciadas y utilizadas para bendecir a los demás. Nunca fueron destinadas a ser marcadores de identidad. No está mal disfrutar de las posesiones que tenemos, siempre y cuando no dependamos de ellas para la seguridad de nuestro corazón.

Posición.

En lugar de pensar “si tan solo tuviera más oportunidades” o “si tan solo tuviera las conexiones correctas”, podemos orar las palabras del Salmo 119:105: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (NVI), exhalando inmediatamente la presión de tener que esforzarme y competir. Amiga, no necesitas una mejor posición para llegar a donde debes ir. No tenemos que descubrir nuestro camino y adelantarnos. La Palabra de Dios nos guiará. Y a medida que lo seguimos y lo honramos paso a paso, podemos estar seguras de que estamos justo donde Él nos quiere, haciendo lo que Él quiere que hagamos.

Dulce hermana, deja que las verdades sólidas de las Escrituras interrumpan cualquier declaración de “si tan solo tuviera” con la que estás luchando hoy.

Cuando la Palabra de Dios se penetra en nosotras, se convierte en la nueva forma en que procesamos la vida. Reorganiza nuestros pensamientos, nuestros motivos, nuestras necesidades y nuestros deseos. Nuestras almas están hechas a medida para ser llenas de Dios y Su Verdad; por lo tanto, se filtra en cada parte de nosotras y llena nuestros anhelos como ninguna otra cosa puede hacerlo. E incluso, si no recibimos de Dios lo que pensábamos que queríamos desesperadamente, Él nos dará perspectiva para ayudarnos a ver que, con Dios, nunca nos quedaremos vacías.

Querido Señor, reconozco que sólo Tú puedes llenar los lugares vacíos en mi corazón. Ayúdame a detener el ciclo de “si tan solo yo tuviera” y en su lugar ser liberada con Tu Verdad. Consuélame en los momentos en los que me siento decepcionada por mis circunstancias. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Salmos 107:9, ¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al hambriento! (NVI)

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© 2022 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.


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