Devocionales

Confiar en Jesús en medio de los sueños rotos

Kat Shultis 3 de abril de 2024
—¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús. Juan 11:40 (NVI)

Una tarde, después de una cita con el doctor, lloré en mi ropero. Era mi tercera temporada consecutiva como corredora de élite con una nueva herida, y cada semana tenía citas con muchos doctores para resolver mis problemas de salud.

Mi cuerpo me estaba fallando, lo cual me hacía sentir como un fracaso, a pesar de que estaba trabajando cada vez más fuerte para estar saludable y feliz otra vez. Sentí que todos mis sueños del futuro se estrellaban contra el suelo, junto con quién pensé que era.

Mi papá, que me había escuchado abajo, se sentó conmigo en el ropero, con empatía en sus ojos.

«¿Por qué yo?», le pregunté. «¿Por qué tengo que pasar por esto?»

Él contestó, «No sé por qué, pero a lo largo de la Biblia, Dios permitió que Sus amigos más cercanos experimenten el dolor». Después me recordó la historia de Lázaro.

Lázaro y sus hermanas, María y Marta, amaban íntimamente al Señor. Pero cuando Lázaro se enfermó, el Evangelio de Juan nos dice que Jesús esperó días antes de ir a Judea, y para ese momento, Lázaro ya había fallecido.

Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció (Juan 11:33, NBLA).

Jesús se conmovió de las lágrimas de los demás, aunque Él ya sabía que resucitaría a Lázaro de la muerte. Jesús le dijo a Sus discípulos, versículos antes, “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo” (Juan 11:11, NTV). Pero Él lloró físicamente con las hermanas antes de realizar el milagro.

—¿Dónde lo han puesto? —preguntó. —Ven a verlo, Señor —le respondieron. Jesús lloró (Juan 11:34-35, NVI).

Al resucitar a Lázaro, Jesús trajo mucha gloria a Dios. “—¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús” (Juan 11:40).

Ese día en mi ropero, luché para entregar mi voluntad. Mi deseo de que mis sueños de correr se hicieran realidad se sentía más fuerte que mi deseo de confiar en Dios. Dios me estaba guiando a través de algo profundamente doloroso, pero yo seguía pidiéndole una vida sin dolor.

Con el tiempo me di cuenta de que, si bien no quería cosas difíciles, quería la voluntad de Dios para mi vida y que Él recibiera gloria más que cualquier otra cosa. Entonces le pedí que me guiara hacia donde tuviera que confiar plenamente en Él, donde no pudiera caminar por mi misma.

Desde ese día, he experimentado una sensación cada vez más profunda de la bondad de Dios, su amabilidad y amor. Dios siempre estaba obrando en mi vida; yo solo tenía que confiar en Él lo suficiente para permanecer con Él a través de las tormentas. Estoy orando para que tú también puedas tener este tipo de confianza, incluso en tu dolor y decepción. Que entreguemos nuestra debilidad para Su gloria.

Dios, gracias por amarnos. A veces debemos rendir cosas en nuestras vidas antes de que Tú levantes algo hermoso. En medio de las dificultades de esta vida, decimos: «Señor, ven». Te pedimos que estés con nosotras en el quebrantamiento que no podemos entender. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Salmo 62:8, Oh, pueblo, confía en él siempre, derrama ante él tu corazón, pues Dios es nuestro refugio. (NVI)

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¿Qué cosa puedes hacer hoy para rendirte y confiar en el tiempo y el plan de Dios en tus circunstancias? ¡Comparte en los comentarios!

© 2024 por Kathryn Shultis. Todos los derechos reservados.

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