Devocionales

Si el pánico ataca, hazlo retroceder

Jodi Harris 17 de mayo de 2024
Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma. Salmo 94:19 (NBLA)

Surgió de la nada. Mi corazón palpitaba y se saltaba latidos; mis manos y pies se pusieron fríos y hormigueaban. Un entumecimiento lento se subió por mis brazos y piernas. La falta de aliento, el mareo y las náuseas me abrumaban. Estaba segura de que mi corazón estaba fallando y la muerte era inminente mientras mi esposo me llevaba a la sala de emergencias.

Los monitores cardíacos y las pruebas de estrés mostraron un corazón sano, y me enviaron a casa con una receta para tratar un posible ataque de pánico. Sentí que mi cuerpo me había traicionado, y ahora temía tener otro ataque de pánico, perpetuando mi ansiedad.

Los ataques de pánico son episodios de miedo intenso que desencadenan reacciones físicas severas en situaciones donde no parece existir un peligro real, pero nuestra mente y cuerpo difieren. Hay esperanza en la consejería bíblica, la medicación, la dieta y el ejercicio, y otras herramientas para navegar estos ataques, y sin importar cómo Él pueda trabajar a través de doctores, consejeros y amigos a nuestro alrededor, sabemos que Dios es nuestra fuente final de ayuda (Salmo 121:1-3). Personalmente, lo que más necesitaba era la sabiduría de la Palabra de Dios.

En el Salmo 94, el salmista también experimentó ansiedad. Lamentó cómo los malvados perseguían al pueblo de Dios con palabras y acciones asesinas: “¿Hasta cuándo … los impíos se regocijarán?” (Salmo 94:3, NBLA).

Pero también decidió cambiar su forma de pensar y recordar que Dios “En tiempos difíciles les [da poder para calmarse y hallar] tranquilidad” (Salmo 94:13, RVC, amplificación añadida).

Y en nuestro versículo clave, él declaró: “Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma” (Salmo 94:19).

Cuando mi ansiedad se amplifica, ¿cómo podría buscar el consuelo de Dios y confiar en Él para darme el poder para calmarme y encontrar paz?

Segunda Corintios 1:3b-4 dice que el “…Dios de toda consolación… nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (NBLA).

Recuerdo la primera vez que valientemente compartí mis luchas con otras creyentes. Mientras me escuchaban con empatía y aceptación, mi ansiedad disminuyó y fue reemplazada por el consuelo de Dios. Como resultado, otras también comenzaron a compartir sus luchas, y el consuelo de Dios comenzó a sanarnos.

Existe un concepto en la consejería de salud mental conocido como “testigo empático”. Se trata de la idea de que el compartir nuestro dolor con alguien que realmente escucha es profundamente sanador.

Cuando la ansiedad se infiltra en nuestros corazones, mentes y cuerpos, el enemigo quiere avergonzarnos hacia el silencio y evitar que nos conectemos con otros creyentes. Pero fuimos creadas para estar en comunidad por un Dios relacional. En nuestra com-unión, Dios está con nosotras.

Compartir las luchas requiere práctica, y es vital encontrar una comunidad segura. Animémonos las unas a las otras a compartir nuestros sufrimientos para poder hacer retroceder el pánico — incluso si es solo un poco más cada día — y ser consoladas por la paz de Dios.

Gracias Señor, por el regalo de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. Juntas llevamos el deleite de Tu consuelo al compartir nuestras luchas. Nuestra conexión y unidad te revelan y nos sanan. Por eso, estamos muy agradecidas. En el Nombre de Jesús, Amén.

RECOMENDAMOS

A veces la ansiedad parece inconquistable … pero existe una receta para lidiar con ella. En su libro Ansiosos por nada, Max Lucado nos invita a un estudio de Filipenses 4:6-7, donde el Apóstol Pablo nos dice, “Por nada estén afanosos”. Lucado dice que la presencia de la ansiedad es inevitable, pero con la ayuda del Espíritu Santo, podemos aprender a enfrentar las calamidades de la vida y verlas a través de los ojos de la soberanía de Dios. También podemos discernir las mentiras de Satanás y decirnos a nosotras mismas la verdad.

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PROFUNDICEMOS

Mateo 5:4, Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. (NTV)

1 Tesalonicenses 5:11, Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo. (NBLA)

¡Mayo es el mes de concientización sobre la salud mental! Compártenos en los comentarios cómo has recibido el consuelo de Dios a través de Su pueblo, el cuerpo de Cristo, tal vez en especial cuando se trata de luchas con la salud mental.

© 2024 por Jodi Harris. Todos los derechos reservados.


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Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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