—Yo mismo iré contigo y te daré descanso —respondió el SEÑOR. Éxodo 33:14 (NVI)
No me gusta recordar algunos síntomas y situaciones médicas que he experimentado. Si comienzo a sentir algo similar, el miedo aprieta su control alrededor de mi cabeza y mi pecho. Acudo al “Dr. Google” y rápidamente caigo en la trampa de plantearme hipótesis poco saludables que ni siquiera están justificadas. Soy propensa a preocuparme y preguntarme qué es lo que está mal.
En lugar de recordar las formas en que el Señor obró a mi favor en aquel entonces y darle gracias por Su fidelidad, mi mente corre por situaciones que no son reales y me angustio pensando en los peores escenarios posibles. ¿Cómo puedo seguir teniendo tanto miedo cuando sé que Dios me protege? Si pudiera calmarme e imaginar que Él está conmigo, ¿qué me diría?
¿Qué te diría Dios en medio de cualquier preocupación que te obsesione?
Todas tenemos poca memoria de la bondad y la gracia de Dios en nuestros días difíciles, y tendemos a poner la duda en primer plano cuando nos enfrentamos a algo que se parece inquietantemente a lo que vivimos la última vez.
Sin embargo, Dios es compasivo aún cuando nos centramos más en nuestras incertidumbres que en la presencia de nuestro Salvador. La paciencia no se agota cuando corremos hacia nuestros miedos. Él conoce nuestras tendencias y debilidades humanas, la forma en que nuestros corazones laten un poco más rápido y la manera en que pasamos demasiado tiempo reflexionando sobre las incógnitas persistentes. Y nos ofrece Su presencia constante, tal y como lo hizo con Su pueblo en Éxodo 33:14:
—Yo mismo iré contigo y te daré descanso.
El Señor nos ve balancearnos en nuestra incertidumbre y nos da descanso. Nos da gracia para ir a Él, aún después de haber entrado en pánico en vez de creer que Él está de nuestro lado y tiene en mente lo mejor para nosotras. Él es compasivo con nuestra inquietud y no nos regaña cuando nuestra fe flaquea. Nos acoge en el recodo de Su brazo y nos asegura Su cuidado. Podemos acudir a Él con nuestros temores, confiando en que, sea cual sea nuestra preocupación, Él la toma en serio.
Sí, nos preocuparemos. La ansiedad llegará de una manera u otra a nuestras vidas. Pero podemos entregársela a Jesús, quien la toma en Sus manos capaces y la transforma en algo más profundo dentro de nosotras — una confianza que se mantiene firme en Aquel que ya lo ha vencido todo para traernos vida en abundancia.
Con Él, no tenemos por qué temer. Cuando le entregamos nuestras cargas, podemos inhalar paz y exhalar las preocupaciones, liberándonos de lo que nos ataba con tanta fuerza. Su presencia trae descanso a nuestras mentes y cuerpos, y nuestras almas están a salvo con Él.
¿Cuántas veces más podré cargar con toda esta preocupación sobre mis hombros? Sé que estás ahí, Señor, pero mis sentimientos no concuerdan con mi fe. Quiero Tu presencia. Te entrego mis cargas y mi ansiedad porque Tú me cuidas. En el Nombre de Jesús, Amén.
El miedo es como una cárcel invisible. Te mantiene en cautividad, influenciando tus elecciones y percepciones acerca de la vida, Dios y otras personas. ¿Te imaginas cómo sería tu vida sin temor? Con todo lo malo en el mundo, puede parecer difícil imaginarlo. Pero en Sin temor, Max Lucado te muestra cómo la vida puede ser vivida con alegría y confianza, cuando se reemplaza el miedo con la fe en Jesús. ¡Deja que este mensaje inspirador aliente tu corazón hoy!
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1 Pedro 5:7, Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. (NVI)
¿A qué preocupaciones y temores te aferras? ¿Qué crees que Jesús quiere que hagas con ellos? ¿Cómo puede ayudarte Jesús? Compártelo con nosotras en los comentarios.
© 2026 por Sarah Freymuth. Todos los derechos reservados.
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