-»No tengas temor ante ellos, Porque contigo estoy para librarte», declara el SEÑOR. Jeremías 1:8 (NBLA)
Casi toda mi vida, estuve equipada con tan solo una respuesta frente a la inseguridad: combátela. Era el único instrumento que tenía en el cinto portaherramientas de mi autoestima debido a que nunca me habían legado otro.
Tanto dentro como fuera de la Iglesia, me enseñaron a temer a la inseguridad y tratarla como un ataque. Cada vez que me sentía insegura de mí misma, pensaba que había caído presa de alguna mentira terrible y que mi única opción era contraatacar con una descarga de autoafirmaciones positivas.
¡Y a veces esa es exactamente la respuesta que necesito! Cada vez que mis inseguridades están enraizadas a una mentira, una herida, o algo vergonzoso de mi pasado, ciertamente necesito el bálsamo sanador de la Verdad amorosa de Dios.
Pero no toda inseguridad tiene su origen en una mentira sobre nosotras mismas. A veces nuestras inseguridades nos están comunicando algo que es verdad acerca de nosotras que en realidad necesitamos oír, y nos perderemos esta enseñanza si espantamos toda inseguridad de inmediato.
Esta es una lección que Jeremías aprendió tempranamente en su ministerio. Cuando Dios lo designó por primera vez para ser Su profeta, aún no tenía 20 años; era considerablemente más joven que los profetas anteriores a él. No tenía la experiencia de vida, tampoco de liderazgo que el rol demandaría, y por este motivo, se sentía profundamente inseguro. Tan inseguro, de hecho, que intentó declinar el designio:
Entonces dije: «¡Ah, Señor DIOS! No sé hablar, Porque soy joven». Pero el SEÑOR me dijo: «No digas: “Soy joven”, Porque adondequiera que te envíe, irás, Y todo lo que te mande, dirás. -»No tengas temor ante ellos, Porque contigo estoy para librarte», declara el SEÑOR (Jeremías 1:6-8, NBLA).
Observa que Dios no afirmó a Jeremías. Al contrario, Dios se afirmó a Sí mismo. ¿Por qué? Porque las inseguridades de Jeremías pusieron de manifiesto algo que él necesitaba comprender.
A veces nos sentimos inseguras porque estamos paradas sobre algo inseguro.
Jeremías se estaba apoyando sobre sus propias habilidades en vez de las de Dios. Y muy a menudo, eso es lo que nuestras inseguridades están tratando de decirnos a nosotras también.
Cuando nuestra confianza comienza a tambalearse, es una buena señal de que nos estamos parando sobre algo inestable. Ya sea en nuestra apariencia externa, o en nuestro desempeño laboral, o en nuestro rol de esposa, madre o amiga, todas estas son bases extremadamente inestables… y la inseguridad es una de las primeras “señales de advertencia” en alertarnos que nuestro fundamento está defectuoso.
Hoy en día, he dejado de responder a mis inseguridades con hostilidad. En vez de ello, he aprendido a ser más curiosa. A veces mis inseguridades son efectivamente producto de la vergüenza o la mentira, pero otras veces contienen información valiosa que deseo oír.
Deseo pararme firme en Jesús, porque Él no se tambalea.
Amado Padre celestial, cuando la inseguridad surge en mi interior, ayúdame a ponerme curiosa, a discernir su fuente verdadera y a encontrar mi seguridad en Ti. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Para profundizar aún más, visita el devocional de 40 días de Sharon, Gazing at God: A 40-Day Journey to Greater Freedom from Self.
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Mateo 7:24-27, »Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida. Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca. Sin embargo, el que oye mi enseñanza y no la obedece es un necio, como la persona que construye su casa sobre la arena. Cuando vengan las lluvias y lleguen las inundaciones y los vientos golpeen contra esa casa, se derrumbará con un gran estruendo».(NTV)
¿Cuál es la inseguridad en tu vida que te puede estar señalando hacia un fundamento “arenoso”? ¡Nos encantaría que nos la compartieras en los comentarios!
© 2026 por Sharon Hodde Miller. Todos los derechos reservados.
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