Jesús contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Lucas 18:1 (NVI)
Hubo algo que llegué a comprender bastante temprano en mi camino como madre y contra lo cual necesitaba protegerme. A veces quería tener el control total de la vida de mis hijos… incluso más que Dios.
Quería escribir sus historias.
Quería marcar el curso de sus futuros.
Quería decidir qué era lo mejor para ellos.
Quería prevenirlos de ser lastimados alguna vez.
Quería ser su proveedora y su protectora.
¿Te identificas con algo de lo mencionado? Creo que la mayoría de las madres pueden identificarse. Ya sea que nuestros hijos aún estén en pañales o que sean adultos, como los míos ahora… son nuestros para amar y guiar, confiados a nosotras por Dios.
Queremos hacerlo todo bien. Pero después hay cosas que suceden, cosas fuera de nuestro control que eventualmente nos hacen enfrentar la realidad de que no somos Dios. Y no podemos obrar como si lo fuéramos.
Entonces, ¿qué hacemos con la brecha donde se acaban nuestras capacidades como mamás y empieza la confianza en Dios? ¿Cómo podemos profundizar nuestra confianza en Dios? ¿Cómo podemos aceptar que no podemos proteger a nuestros hijos de todo?
Es especialmente difícil en temporadas de incertidumbre, cuando todo parece aterrador y cada decisión parece arriesgada. “Aterrador” y “arriesgado” son dos palabras que no queremos en la vida de nuestros hijos. ¿Qué hacemos con estas preocupaciones que, en el mejor de los casos, pueden hacer que una madre pierda el sueño y, en el peor, que se sienta enloquecida por el miedo?
Solo una cosa une el espacio entre nuestras limitaciones y nuestra confianza en Dios… la oración.
Ya sé, ya sé. Esto puede sonar como una respuesta cristiana muy cliché. Una respuesta muy hiper espiritual. A veces no es la respuesta que quisiéramos.
Pero la oración es la única posibilidad que tiene una posibilidad verdadera.
Es por ello que quiero compartir algo muy específico, las oraciones bíblicas que escribí hace muchos años para interceder por mis propios hijos. Puedes cambiar fácilmente el pronombre “él” o “ella”, dependiendo si estás orando por un hijo o una hija, o puedes usar su nombre.
A continuación hay siete oraciones poderosas para interceder por tus hijos esta semana:
Cuando sufra, Dios, te ruego que seas a Quien acuda en busca de ayuda y sanidad (Salmo 147:3). Que no permita que la amargura, el dolor y la ira se instalen en su corazón.
Que él encuentre consuelo en Tu capacidad, Dios, de alcanzarlo, sostenerlo y rescatarlo (2 Samuel 22:17-18).
Que ella encuentre confianza en Ti, Dios, aunque vengan tiempos duros y no sepa qué hacer, al mantener su mirada en Ti (2 Crónicas 20:12).
Señor, oro para que mi hijo haga lo correcto frente al pecado (Santiago 4:17). Que sea una luz para aquellos alrededor de él y que luche para vencer el mal con el bien (Romanos 12:21).
Dale el deseo de aceptar Tu palabra, Dios, y que guarde Tus mandamientos dentro de ella para que sus oídos se vuelvan a Tu sabiduría (Proverbios 2:1-5).
Señor, guíalo para que persiga Tus caminos de rectitud, bondad, fe, amor, resistencia y amabilidad en cada parte de su vida (1 Timoteo 6:11).
Dios, manténla alerta y consciente de los planes y artimañas del enemigo (1 Pedro 5:8-9). Ayúdala a mantenerse firme en la oración y bajo la poderosa protección de Tu armadura (Efesios 6:10-18).
He orado estas oraciones, y he visto al Señor, hacer cosas sorprendentes en la vida de mis hijos.
Yo también tengo días en que me inquieto y me preocupo. Mis hijos siguen cometiendo errores. Pero ¿qué haríamos sin el poder de Aquel que responde a nuestras oraciones? ¿Y qué podrían estar obrando nuestras oraciones ahora para el futuro de nuestros hijos, aunque no lo veamos hasta dentro de décadas?
Mamá, aunque hayas orado por años y aún no hayas visto la respuesta de Dios, recuerda que a menudo, Sus mejores obras se realizan de manera discreta.
Jesús mismo habla de la importancia de orar sin desanimarse, “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse” (Lucas 18:1). Nos da plena libertad para pedir y seguir pidiendo. Para llamar y seguir llamando.
Sí, la oración es la única posibilidad con posibilidad verdadera. Y eso me lleva al punto en el que sé que debo decir... «Hola, me llamo Mamá. No me llamo Dios».
Señor, estoy profundamente agradecida por el don de Tu Palabra. No solo me recuerda que debo orar, sino que también me inspira a elevar mis oraciones. Te confío el corazón y la vida de mis hijos mientras oro hoy con Tu Palabra. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Filipenses 4:6, No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. (NVI)
¿Qué versículos bíblicos haces como oración o te gustaría comenzar a orar fielmente por tus hijos? Nos encantaría que los compartieras con nosotras en los comentarios.
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