—¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús. Juan 11:40 (NVI)
¿Alguna vez has pasado por una situación muy dolorosa y te has preguntado, Dios dónde estás?
La pérdida de un ser querido…
El choque de un auto…
La destrucción de una propiedad…
A veces una oración honesta suena de la siguiente manera: Dios, si hubieras estado aquí, esto no habría sucedido.
Así mismo se sintieron dos mujeres en la Biblia, y se lo dijeron a Jesús.
Jesús amaba a María, Marta y a su hermano Lázaro, y solía visitarlos en Betania durante Sus viajes. Me atrevería a decir que eran algunos de Sus amigos más cercanos. Sin embargo, cuando Lázaro se enfermó, Jesús no fue a verlo de inmediato.
Juan 11:6-7 nos dice, “A pesar de eso, cuando oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba. Después dijo a sus discípulos: —Volvamos a Judea” (NVI).
El enunciado no dice que se quedó allí dos días más por casualidad, como si fuera un descuido. La demora de Jesús formaba parte de un plan con propósito.
No fue sino hasta que Lázaro murió que Jesús regresó a Betania. Cuando finalmente llegó, Marta corrió hacia Él claramente desolada y le dijo, “—Señor —dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Juan 11:21, NVI). Después María dijo las mismas palabras (Juan 11:32).
Dos hermanas. Una sola conclusión.
Es difícil cuando leemos las historias de la Biblia o escuchamos sobre milagros en el tiempo actual y sabemos que Dios puede hacer algo, pero no lo ha hecho por nosotras. Estoy segura de que para María y Marta, quienes habían visto a Jesús realizar milagros magníficos, comprender por qué no salvó a Lázaro.
Pero a veces algo aparentemente malo sucede para que de ello pueda surgir lo mejor que Dios tiene preparado. Jesús le dijo a la Marta desilusionada, “—¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).
La tumba de Lázaro era una cueva sellada por una piedra grande. Nada entraba ni salía. O al menos eso parecía. Cuando Jesús llamó a Lázaro, él salió con vida.
Dios sabe que en Sus manos, los corazones quebrantados como los de Marta y María (y los nuestros) pueden volverse en testimonios fuertes y asombrosos. Él ve mediante los lentes del proceso para observar el producto final que no podemos ver.
Podemos pensar, Si Dios realmente me amara, Él…
Respondería a mi oración.
Detendría el conflicto.
Me rescataría de inmediato.
Me enviaría un esposo.
Me haría fértil.
Me daría el ascenso.
Y Él lo haría ahora.
Sin embargo, Dios nos libera de nuestras interpretaciones miopes y nos revela una historia de redención compleja y multifacética que nos deja boquiabiertas. Mientras tanto, nos pregunta, ¿confiarás en Mí?
Cuando clamamos, «Dios, ¿dónde estás?» Su respuesta siempre es la misma… «Estoy aquí. Obrando todo esto para tu bien».
Padre, ayúdame a confiar en que Tú siempre tienes un plan para mi vida mejor del que yo podría idear por mi cuenta. En el Nombre de Jesús, Amén.
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PROFUNDICEMOS
Juan 9:3, —No está así debido a sus pecados ni a los de sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida. (NVI)
Juan 11:14-15, Por eso les dijo claramente: —Lázaro ha muerto, y por causa de ustedes me alegro de no haber estado allí, para que crean. Pero vamos a verlo. (NVI)
Nota la frase “para que” en cada uno de los versículos arriba. ¿Qué te dice esto sobre los propósitos de Dios o la manera en que obra Él en nuestras vidas?
¿Qué situación difícil necesitas confiarle a Jesús hoy? Deja un comentario y compartamos juntas.
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