¡Me llené de alegría en el SEÑOR mi Dios! Pues él me vistió con ropas de salvación y me envolvió en un manto de justicia… Isaías 61:10a (NTV)
Hubo un periodo en mi vida en el que me sentía totalmente y absolutamente perdida. Donde antes estaba tan segura de mi propósito y llamado, ahora me encontraba a la deriva.
Como inmigrante, llegué a América con la cabeza llena de sueños y las expectativas de mi familia sobre mis hombros. Pero nada había salido como esperaba, y ahora me despertaba cada mañana con un corazón sin sueños y una identidad marcada por el fracaso.
«¿Qué haces, Dios?», susurraba cada mañana al despertar. «¿Acaso hoy será igual que ayer?»
A veces es difícil encontrarle el sentido a levantarse. Pero el versículo clave de hoy nos recuerda que tenemos la mayor razón del mundo para saltar de la cama con alegría.
¡Me llené de alegría en el SEÑOR mi Dios! Pues él me vistió con ropas de salvación y me envolvió en un manto de justicia. Soy como un novio vestido para su bodao una novia con sus joyas (Isaías 61:10, NTV).
Podemos marchar por la vida con poder y belleza, nuestra desnudez reemplazada por prendas de salvación.
Me recuerda a cuando alguien envió a mis dos hijas, que entonces eran niñas pequeñas, sus vestidos soñados, adornados con unicornios dorados en la parte delantera; con decoraciones reflectantes de oro color rosa en el dobladillo; y lo mejor de todo, faldas tutú que se abrían mientras daban vueltas bajo el sol.
«¡Mira, mamá! ¡Somos princesas!» exclamaron mientras se mareaban, las decoraciones captando destellos de luz solar. ¡Oh, cómo sus caritas preciosas se iluminaron de alegría! Querían usar esos vestidos todo el tiempo; para ir a la escuela, a la iglesia, al parque o al supermercado; para jugar a las luchas con su papá o incluso para dormir. Cuando llevaban esos vestidos, se sentían especiales... como las princesas hermosas que siempre quisieron ser.
En algún lugar ahora mismo, hay una niña que nunca ha lucido un vestido que la hiciera girar. Hay un niño pequeño al que nunca le han dicho que es amado y elegido. Esa es una de las razones por las que mi familia patrocina a una niña a través de Compassion International. No solo para asegurar que sus necesidades tangibles sean cubiertas, sino también para que su iglesia local pueda envolverla en la verdad de que es vista, conocida y amada por un Dios que también la espera con un manto de justicia.
Amadas, nuestras ropas de salvación, las que Jesús mismo usó para envolvernos a través de Su sacrificio en la cruz... ¡oh, qué belleza! Si pudiéramos verlas, apuesto a que todas estaríamos girando bajo el sol, ¡con lágrimas de alegría corriendo por nuestras mejillas!
Dios te ha revestido con tales vestiduras porque te ama, pero también porque tiene un propósito para ti. Ajusta tu tocado, querida, porque eres sacerdotisa empleada por Él para servir a Su rebaño (1 Pedro 2:9). Ajusta ese arete, cariño, porque Él se ha comprometido contigo para darte el don de ser conocida y protegida. Dios nos ha regalado otra mañana de nuevas misericordias, ¡y debemos estar a la altura de la ocasión!
Señor, gracias por bendecirme con otro día lleno de Tu misericordia y bondad. Dame los ojos para ver las bendiciones que has puesto en mi camino hoy. Úsame para servir a los demás, dirigiendo sus ojos hacia Aquel que ha preparado mantos de justicia y alegría para nosotras. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Efesios 2:10, Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica. (NVI)
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