Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos. Hebreos 4:16 (NTV)
Necesitar ayuda es difícil. ¿Pedirla? Aún más difícil. ¿Pero depender de otros enteramente? Es abrumador.
El verano pasado, después de una cirugía mayor de cadera, llegué aquí. Por seis semanas, una andadera se convirtió en mi compañera inseparable. Dependía de mis seres queridos para todo: para bañarme, vestirme, preparar mis alimentos, hacerse cargo de mi hogar y mis hijos, y confortarme cuando decaía mi ánimo.
Anhelaba volver a valerme por mí misma, pero mi fragilidad me obligaba a depender de su amabilidad. Debajo del dolor, afloró un temor silencioso, ¿y si pido demasiado y agoto la paciencia de quienes me cuidan?
A veces cargo con esta misma inseguridad en mi relación con Jesús; temo estar fallándole o ser demasiado. Quizás tú también.
La vida puede dejarnos sin aliento, recordándonos lo mucho que necesitamos a Jesús. Es doloroso mostrarnos débiles y necesitadas, luchando con batallas familiares, una vez más. La vergüenza nos aprieta el pecho, haciéndonos dudar en acercarnos a nuestro Salvador, por más que conozcamos la Verdad bíblica.
¿Estaré decepcionando a Dios?
¿Debería haber superado ya esta lucha?
¿Agotaré Su gracia?
Cuando tememos haber agotado nuestro acceso a Dios, las Escrituras nos invitan a acercarnos de todos modos. “Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos” (Hebreos 4:16).
Para la audiencia original de los Hebreos, esta idea era radical. En el Antiguo Testamento, sólo el sumo sacerdote podía entrar en la presencia de Dios una vez al año en el templo, con gran precaución (Levíticos 16). Pero cuando Jesús murió por nosotros, el velo del templo se rasgó, abriéndonos el camino para acercarnos a Dios libre y personalmente (Mateo 27:51).
Podemos aceptar la invitación de acercarnos con valentía al trono de la gracia de Dios, no porque tengamos todo resuelto sino por quién Jesús es. “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado” (Hebreos 4:15, NVI).
Jesús nos recibe con los brazos abiertos, no importa cuántas veces tropecemos al buscarlo. Él nunca suspira con exasperación ni susurra, «¿Otra vez tú? ¿Por qué sigues luchando con esto?».
Nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, se sienta a la diestra de Dios. Él invita a Sus amadas hijas a venir, sin impedimentos y seguras en Su amor, y nos reviste con Su justicia perfecta. Él levanta a los humildes, alimenta a los cansados y nos abraza con misericordia y gracia infinita.
Tal vez te preocupa ser una carga o estar demasiado rota, preguntándote si la gracia de Dios se acabará. Pero la debilidad no es una razón para mantenerse alejada de Jesús; es la misma razón por la que Él nos llama a estar cerca (2 Corintios 12:10). Así que volvamos a caer en Su gracia una y otra vez, con la certeza de que Él nos sostendrá en los momentos de necesidad.
Padre Celestial, gracias por Tu infinita misericordia y gracia. Cuando la vergüenza me tienta a alejarme, ayúdame a acercarme a Ti, confiando en que suplirás todas mis necesidades. En el Nombre de Jesús, Amén.
A menudo recibimos la gracia de Dios a través de Su gente. Fuimos creadas para jugar, participar, aventurarte y explorar con otros. En Encuentra a tu gente por Jennie Allen, descubrirás cómo sumergirte profundamente y sentir toda la maravilla que es tener una comunidad. Jennie te ayuda a superar las barreras que nos impiden hacer nuevas amistades y entender los cinco ingredientes prácticos que necesitas para tener el tipo de amistades fieles que siempre has deseado.
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Lamentaciones 3:22-23, ¡El fiel amor del SEÑOR nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana. (NTV)
Filipenses 4:6-7, Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. (NBLA)
¿Qué carga, necesidad o batalla repetida necesitas llevarle a Jesús el día de hoy? Comparte un versículo bíblico o un atributo de Dios que te dé la confianza para acudir a Él en busca de ayuda.
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