Después de esto, Jesús estuvo recorriendo los pueblos y las aldeas, proclamando las buenas noticias del reino de Dios. Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades… Lucas 8:1-2a (NVI)
Alguna vez te has preguntado, ¿tengo un lugar acá?. ¿Has sentido la tensión entre querer servir y dudar si eres apta para hacerlo, dudar si estas capacitado para hacerlo, o querer opinar y preguntarte si tu voz es bienvenida?
Yo me he sentido así, y también creo que las mujeres alrededor del mundo se hacen las mismas preguntas. ¿Cuál es nuestro lugar? ¿Cuál es nuestro rol?
Cuando estas preguntas se vuelven abrumadoras, me encanta recordar que Jesús hizo lugar para las mujeres.
…Jesús estuvo recorriendo los pueblos y las aldeas, proclamando las buenas noticias del reino de Dios. Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, a la que llamaban Magdalena y de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; Susana y muchas más que los ayudaban con sus propios recursos. (Lucas 8:1-3, NVI)
En Lucas 8, Jesús estaba ocupado con Su ministerio público. Los discípulos varones estaban con Él, pero Lucas destaca que también había “algunas mujeres” (Lucas 8:2). Hoy, estas palabras pueden parecer insignificantes, pero en el siglo primero, que un rabí invitara a mujeres a acompañarlo, a aprender de él y servir con él habría sido revolucionario. Jesús transformó radicalmente las normas culturales respecto a las mujeres.
Jesús sanó espiritual y físicamente a esas mujeres y les hizo un lugar junto a Sus demás discípulos.
María Magdalena estaba allí, y podemos imaginar cuánto amaba a Jesús, pues Él había expulsado de ella siete demonios.
Juana también estaba allí. Estaba casada con Cuza, administrador de la casa de Herodes. Herodes odiaba a los cristianos (Mateo 14:1-12; Lucas 13:31, Lucas 23:11), así que Juana tuvo que ser muy valiente para dejar la casa de Herodes y seguir a Jesús, a quien Herodes quería asesinar.
Lucas menciona que Susana también estaba allí (aunque no sabemos nada más de ella), y así mismo habían muchas otras mujeres. Además, ellas apoyaban a Jesús y Sus seguidores “con sus propios recursos” (Lucas 8:3). Estas mujeres desempeñaron un papel importante en el Reino de Dios, inclusive sosteniendo económicamente el ministerio de Jesús.
La conversación sobre el rol y el lugar de las mujeres puede sentirse ruidosa, complicada y a veces, verdaderamente desalentadora. Pero aquí está la verdad; Jesús invitó a las mujeres a aprender de Él y a servir a Su lado. Las mujeres no fueron una idea de último momento ni una molestia. Jesús las sanó espiritual y físicamente y las llamó a seguirle en el primer siglo; y hoy sigue haciendo lo mismo en pleno siglo veintiuno.
Señor, como mujeres, muchas veces luchamos con la sensación de ser demasiado y, al mismo tiempo, no ser suficientes. A menudo nos preguntamos cuál es nuestro lugar en Tu Reino. Gracias por mostrarnos que las mujeres son una prioridad para Ti, Jesús. Gracias por sanarnos e invitarnos a ser parte de Tu ministerio. Ayúdanos a ser agradecidas, valientes y dispuestas a responder a Tu llamado. En el Nombre de Jesús, Amén.
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Lucas 8:48, —¡Hija, tu fe te ha sanado! —dijo Jesús—. Vete en paz. (NVI)
Lucas 8:54, Pero él la tomó de la mano y dijo: —¡Niña, levántate! (NVI)
En Lucas 8:40-56, unos cuantos párrafos luego de los versículos de nuestro devocional de hoy, vemos a Jesús sanar a una mujer que había estado enferma por muchos años y a una niña que estaba muerta.
¿Qué observas de la manera en la que Jesús trató a la mujer y a la niña que necesitaban sanidad? ¿Crees que Él te cuida, te sana y te trata con la misma amabilidad y compasión? Comparte con nosotros en la sección de comentarios.
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