Devocionales

No puedes cambiar a alguien que no quiere cambiar

Lysa TerKeurst
President and Chief Visionary Officer of Proverbs 31 Ministries

16 de Julio de 2026

This devotion is available in English
Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor. Colosenses 3:23-24 (NVI)
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Estoy tan cansada de intentar cambiarle. 

Estoy agotada de ser la única persona que evita que todo se descarrile. 

Estoy agotada por todo este esfuerzo, pero nunca consigo el resultado que anhelo.

Estos eran los pensamientos recurrentes que me asaltaban una y otra vez, sobre varias situaciones difíciles a las que me enfrentaba. Simplemente no podía dejar de pensar en ninguno de ellos. 

Había invertido tanto tiempo y energía emocional en intentar solucionar algo que escapaba de mi control. Estaba aprendiendo por las malas que, si alguien no quiere cambiar, debo dejar que afronte las consecuencias de sus decisiones. 

Creo que esta es una de las situaciones más dolorosas que podemos afrontar con alguien a quien amamos profundamente. Cuando sufren, nosotras también sufrimos. Por eso, cuando las cosas se desmoronan para ellos, es natural querer intervenir y ayudarlos. Desafortunadamente, intentar ayudar a alguien que no está dispuesto a cambiar por sí mismo suele tener el efecto contrario al que queremos. 

Queremos que entren en razón. Pero cuando evitamos que toquen fondo o que experimenten el dolor de sus malas decisiones, en realidad les facilitamos y perpetuamos el problema. 

No me gusta la fría realidad de lo que acabo de escribir. Es muy difícil dejar de facilitar. Pero es necesario. 

¿Te identificas? ¿Hay situaciones estresantes con ciertas personas en tu vida que están en un ciclo constante de alejarte cuando intentas compartir sabiduría, pero luego deseando desesperadamente que las rescates de sus consecuencias? 

Las decisiones irresponsables o arriesgadas de otros despiertan el temor en nuestro interior, y una ansiedad alarmante recorre nuestro cuerpo. Nos desesperamos por detenerlos, cambiarlos y encaminarlos hacía un futuro mejor. 

Queremos que las cosas mejoren. Queremos que las cosas estén bien. Queremos seguridad, cordura y estabilidad en la vida. Pero si esta estabilidad depende de que arreglemos lo que está más allá de nuestra capacidad de arreglar, entonces eso no es paz verdadera. Eso es control. Y no es a lo que Dios nos ha llamado. 

Colosenses 3:23-24 nos dice cuál debe ser nuestro enfoque. “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor”.

Esas últimas seis palabras me pararon en seco. No puedo decir honestamente que sirvo al Señor cuando dudo de Sus planes e invento frenéticamente los míos.

¿Entonces qué hacemos cuando sentimos que no tenemos otra opción que mantener todo y a todos unidos? El Señor me ha estado enseñando a pasar del control a ser una buena administradora. 

Una administradora es alguien que se preocupa por otra persona pero no se apropia de sus problemas. Puedo ser una amiga, mentora, madre, hermana, hija y vecina responsable sin cargar con el peso de los problemas ajenos ni gestionar sus consecuencias. Puedo ser una persona cariñosa en la vida de alguien, pero no puedo ser su salvadora. 

¿Cómo sé que me he pasado de la raya? Cuando necesito que esa persona esté bien para que yo esté bien, así que me exijo mucho, agoto mis recursos, mi tiempo y mis emociones para asegurarme de que siempre esté bien. Mientras tanto, sé que esa persona no está dispuesta a cambiar, sin embargo espero que al rescatarla, esta vez todo mejore. 

A continuación tienes algunos guiones que puedes decirte a ti misma cuando trabajes en ceder el control y replantear tu responsabilidad:

  • Esta parte es mía para llevar... y esa parte es de Dios. 

  • Estoy dispuesta a vivir con un resultado diferente al que quería. 

  • Puedo tener deseos de que las cosas mejoren con esta persona sin sentir que es mi responsabilidad arreglar lo que solo él o ella puede cambiar.

  • Puedo quererle sin fomentar sus malas decisiones.

Amiga, sé lo difícil que puede ser soltar aquello a lo cual te aferras, especialmente cuando se trata de alguien a quien amas. Pero aquí hay una verdad crucial; Dios promete cuidar de aquello a lo que renunciamos voluntariamente. No siempre nos da el resultado que deseamos, pero nos asegura que la otra persona o la situación difícil seguirá bajo Su cuidado tierno. 

Y ese es el lugar más seguro para que nuestras almas aterricen.

Dios, muéstrame qué me pertenece y qué es solo Tuyo. Ayúdame a confiar en Ti y a no apoyarme en mi propio entendimiento (Proverbios 3:5-6). Dame sabiduría para responder con fe y paz para entregarte lo demás. Dame valor para querer Tu voluntad por encima de la mía en cada situación que enfrente (Lucas 22:42). Ayúdame a cuidar a los seres queridos que me preocupan sin asumir sus problemas ni gestionar sus consecuencias. Deposito todas mis ansiedades en Ti, Señor, porque sé que cuidas de mí y de mi gente (1 Pedro 5:7). En el Nombre de Jesús, Amén.

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Todas podemos beneficiarnos de una voz perspicaz y compasiva que nos puede recordar que establecer un límite relacional no es falta de amor. En realidad, los límites son una idea de Dios, el Amor mismo. En Límites saludables, despedidas necesarias por Lysa TerKeurst, aprendemos más sobre guiones realistas y estrategias prácticas que nos ayuden a comunicar, mantener, e implementar patrones saludables en nuestras relaciones. ¡Puedes leer el primer capítulo gratis aquí!

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PROFUNDICEMOS

Salmo 24:1, Del SEÑOR es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan… (NVI)

Cuando sientes que todo depende de ti, ¿cómo te anima a saber que en realidad todo pertenece a Dios? 

¿De qué manera vas a cambiar tu perspectiva para comprender que eres administradora de aquello que en realidad le pertenece al Señor? Nos encantaría saber de ti hoy en los comentarios.

 © 2026 por Lysa TerKeurst. Todos los derechos reservados.


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