Devocionales

Estabilidad para los débiles y cansados

21 de junio de 2021
Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. Hebreos 10:23 (NBLA)

Uno pensaría que una roca de 140 kilos te daría la estabilidad que necesitas cuando te estás resbalando. Desafortunadamente, un compañero de excursión en la montaña Camelback en Phoenix, Arizona, descubrió lo contrario cuando su confianza lo traicionó.

En lugar de proveer soporte, la roca rodó sobre él, aplastando sus piernas. Mientras observaba el helicóptero de rescate llevar al excursionista herido a un hospital cercano, me estremecí al pensar que fácilmente me pudo haber ocurrido a mí.

Más tarde, me di cuenta de que me pasa lo mismo en mi caminar con Cristo. Así como la roca de 140 kilos parecía segura, a menudo pienso que las cosas de este mundo me darán la estabilidad que deseo. ¿Cuántas veces he perdido mi firme equilibrio en el camino que se me ha presentado y me he visto tentada a aferrarme al pecado para estabilizarme? Al final, siempre me encuentro atrapada bajo el peso de mi pecado.

A lo largo de los años, he notado dónde ocurre el colapso: cuando me llaman fuera de mi zona de confort. Mientras camino con Cristo, soy llamada a nuevos y desafiantes esfuerzos para traer gloria a Su nombre. Inclino la cabeza hacia atrás para considerar la cuesta frente a mí, reconociendo que enfrentaré obstáculos desconocidos en el camino. Aferrándome a mi fe, pronuncio con entusiasmo y un poco de temor: “¡Sí, Señor!”.

Pero luego... me enfrento a la adversidad. Lo que al principio parecía difícil pero factible, ahora parece imposible. La escalada se vuelve más traicionera y exigente a medida que se lanzan dificultades imprevistas. Cuando me agarran desprevenida, me encuentro cayendo en la inseguridad, la duda y el miedo. Empiezo a preguntarme, como lo hicieron los israelitas, “Dios, ¿me trajiste hasta aquí para morir?” No me queda más que decidir: aferrarme a mi fe o vacilar hacia el pecado.

Un corazón ansioso e inseguro exige alivio ¡y lo exige ahora! Sin embargo, las obras no nos salvarán, la aprobación del mundo no nos asegurará, y encontrar consuelo en la adicción o la distracción sin fin no nos estabilizará. De hecho, la dependencia de cualquier otra cosa que no sea Cristo nos aplastará bajo un peso que nunca deberíamos cargar.

Sin embargo, las buenas noticias están escondidas en nuestro versículo clave: “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió” (Hebreos 10:23). Cuando Dios nos llama a salir de nuestra zona de confort, Él es fiel en hacer lo que promete. ¿Nos aferramos a la confesión de nuestra esperanza, confiando en que Él, quien prometió, es fiel? ¿O vacilaremos en nuestra fe, tentadas por el pecado?

He aprendido por las malas que el pecado suena prometedor, pero no cumple. Por un momento, podemos encontrar un respiro, pero el pecado nunca provee permanentemente la estabilidad que necesitamos. Entonces, en lugar de aferrarnos al pecado, aferrémonos a nuestro Salvador. ¡Él cumplirá todas las promesas que nos hace!

Queridas amigas, mientras anhelamos el alivio, el dolor dentro de nuestra alma es difícil de soportar. Oro para que nuestras almas cansadas descansen en Cristo, sabiendo que Su diestra nos sostiene (Salmo 63:8). Que podamos soportar caminos traicioneros con esperanza mientras miramos hacia arriba desde las rodillas dobladas y maltratadas y digamos, “Espero en el SEÑOR; en Él espera mi alma, Y en Su palabra tengo mi esperanza” (Salmo 130:5, NBLA).

Oh, Señor, yo soy débil. Estoy cansada. Ayúdame a recordar de dónde realmente viene mi esperanza. Por Tu gracia, ayúdame a no poner mi fe en las cosas mundanas en busca de apoyo. Fortaléceme para soportar las dificultades con confianza, sabiendo que cada promesa que hiciste se hará realidad. En el Nombre de Jesús, Amén.

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PROFUNDICEMOS

Salmo 94:18-19, Si digo: «Mi pie ha resbalado», Tu misericordia, oh SEÑOR, me sostendrá. Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma. (NBLA)

Lamentaciones 3:24, «El SEÑOR es mi porción», dice mi alma, «Por tanto en Él espero». (NBLA)

¿A qué pecado te sientes tentada a aferrarte como apoyo cuando la vida se vuelve difícil? ¿Cómo has experimentado personalmente la fidelidad de Dios en el pasado y cómo podría ayudarte a aferrarte hoy al Salvador? ¡Comparte con nosotras en los comentarios!

© 2021 por Beth Knight. Todos los derechos reservados.

Estamos agradecidas a nuestras voluntarias por su trabajo realizado en la traducción de este devocional al español. Conócelas aquí.

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