Devocionales

¿Quién, yo? Cómo Dios puede usarte para salvar al mundo

8 de agosto de 2022
—Ya no creemos solo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo. Juan 4:42 (NVI)

Si hay alguien que puede sacarnos cualquier duda que podamos tener de que Dios pueda usar nuestras vidas para Su Reino, es la mujer samaritana.

Una mujer en una sociedad patriarcal que tenía un pasado vergonzoso y vivía en pecado.
Una samaritana cuyo culto difería del de los judíos.
Una mujer con muy poca exposición teológica y con una experiencia ministerial inexistente.
Una persona común y corriente.

Sin embargo, después de un único encuentro con Jesús, la samaritana fue fiel para compartir con quienes vivían a su alrededor lo poco que sabía de Él (Juan 4:28-30). Todo esto dio lugar a un movimiento radical del evangelio por toda Samaria para salvar las almas de personas a las que otros discípulos no llegarían hasta después del regreso de Jesús al cielo.

Me identifico con la mujer samaritana. No me convertí en cristiana hasta que estaba en la escuela secundaria, e incluso después de haberme convertido, tomé malas decisiones cuando se trataba de hombres.

Cuando realmente comencé a caminar con Jesús, también estaba en medio de una profunda niebla de depresión y ansiedad y me estaba recuperando de mis trastornos alimenticios. Y aunque esas cosas no son pecados, eran luchas que, para mí, estaban ligadas a la vida que había estado viviendo separada de Jesús.

Sin embargo, cuando una querida amiga comenzó a discipularme fielmente y a compartir lo que sabía sobre el caminar con Jesús, comencé a experimentar libertad de mi pecado, vergüenza y luchas.

Jesús me dio fuerzas para alejarme de las tentaciones que antes me habían atrapado. Aprendí a dejar de lado la vergüenza y a acoger la gracia de Dios. Mi depresión y ansiedad también comenzaron a despejarse. Experimenté una recuperación de los trastornos alimenticios que no había logrado experimentar a través de todos los tratamientos que había recibido hasta ese momento. (Aunque, por favor, ten en cuenta que, como terapeuta licenciada, apoyo totalmente la búsqueda de servicios de salud mental de un profesional licenciado. Jesús hizo una obra increíble de sanidad en mi vida durante esta temporada, y también posteriormente, utilizó la terapia para ayudarme a sumergirme más en la recuperación.)

¿Pero qué fue lo más loco que mi discipuladora compartió conmigo? Que Dios podía usar mi vida para hacer avanzar Su Reino ahora mismo.

¿Quién, yo? Pensé. ¿Cómo podría Dios utilizar a alguien como yo para Su Reino?

Al mismo tiempo, al igual que con la mujer samaritana, Dios encendió en mí un entusiasmo abrumador por compartir con otros lo poco que sabía sobre tener una relación con Dios. ¿Sabías que realmente puedes tener una relación con Dios y que Él puede transformar tu vida? Esto es lo que experimentaron los samaritanos después de que la mujer compartiera su encuentro con Jesús y escucharan Sus palabras:

—Ya no creemos sólo por lo que tú dijiste —le decían a la mujer—; ahora lo hemos oído nosotros mismos, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo (Juan 4:42).

Eso fue sólo el principio. Desde que pregunté por primera vez: ¿quién, yo?, Dios ha utilizado a esa estudiante universitaria común y corriente, una cristiana principiante, una mujer avergonzada de su pasado y con pecado en su presente, para ayudar a su familia a venir a Cristo. ¡Y no sólo eso! Él me ha usado para ayudar a mujeres de todo el mundo a aprender a tener una relación con Jesús y a darlo a conocer a quienes les rodean en su vida cotidiana: en sus familias, en sus lugares de trabajo, en sus clases, en sus laboratorios, en sus grupos de madres, en sus círculos de amigas, en sus comunidades recreativas. En cualquier lugar.

Dios puede utilizarte a ti para hacer avanzar Su Reino hasta los confines de la tierra.

¿Quién, yo? No crecí en la iglesia.
¿Quién, yo? Ni siquiera he sido cristiana por tanto tiempo.
¿Quién, yo? Dios nunca podría usar a alguien con mi pasado.
¿Quién, yo? No he ido a una universidad bíblica y no tengo entrenamiento formal en el ministerio ni experiencia.
¿Quién, yo? Sólo soy una [esposa, madre, hija, hermana, niña, abuela, cristiana nueva, barista, ejecutiva corporativa, artista, estudiante… la lista sigue].

¿Qué podría hacer yo?

Hermana, ¿qué podría hacer Dios a través de ti?

De la misma manera que Dios pudo utilizarme a mí, de la misma manera que Dios pudo utilizar a la mujer samaritana, Dios puede utilizarte a ti para salvar al mundo, justo donde vives, ahora mismo. Él tiene lo que se requiere, y lo que tú tienes es suficiente para que Él lo use.

La pregunta es: ¿estamos dispuestas a dar un paso en fe para hacerlo? Espero que digamos «sí».

Padre Celestial, abre nuestros ojos a las formas en que deseas utilizarnos en las vidas de quienes nos rodean. En el Nombre de Jesús, Amén.

RECOMENDAMOS

A veces podemos sentir que nuestro pasado nos descalifica para ser utilizadas por Dios, pero no es así. Nos sentimos descalificadas para hacer el trabajo de Dios o para vivir el llamado que imaginamos. Pero Dios tiene una manera de usar nuestras debilidades para el bien. Al leer acerca de las vidas de los personajes bíblicos, vemos que todos ellos tuvieron un pasado desordenado y, aun así, Dios los utilizó. En [Des]calificado, el pastor Steven Furtick te ayuda a destapar las suposiciones que has hecho sobre ti misma y a verte como Dios te ve. La verdadera paz y confianza no provienen de la perfección mundana, sino de la aceptación: la aceptación de Dios hacia ti, tu aceptación de ti misma y tu aceptación del proceso de cambio que Dios lleva a cabo. Compra tu copia hoy, y permite que Dios te use para cambiar tu comunidad, tu lugar de trabajo y tu hogar, con las Buenas Nuevas.

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PROFUNDICEMOS

Juan 4:28-30, La mujer dejó su cántaro, volvió al pueblo y le decía a la gente: —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo? Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús. (NVI)

Lee Juan 4:1-30, 39-42.

¿Qué te impide compartir tu fe con otra persona? ¿A quién tienes en tu vida cotidiana que puede aprender de ti, a caminar con Jesús hoy? ¡Déjanos saber en los comentarios!

© 2022 por Alice Matagora. Todos los derechos reservados.


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