—¡No pongas tu mano sobre el muchacho!—dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo. Génesis 22:12 (NTV)
Cada vez que mis hijos consiguen una reserva de dulces, ocurre un fenómeno curioso. Por mucho que ya tengan, siempre se piden unos a otros “probar un poco”.
Hace poco vi a mi hijo pedirle a su hermana una golosina de su reserva de dulces. Ella aceptó, pero antes rebuscó discretamente en su cubo y apartó sus favoritos.
Esta escena hizo que soltara una risa, pero también sentí cómo el Señor hablaba a mi corazón en cuanto a las veces que nos relacionamos con Él así. Amamos a Jesús y le dedicamos nuestra vida, pero nos reservamos “nuestras partes favoritas”, temiendo lo que pueda pasar si le confiamos todo. Quizás le negamos nuestro trabajo, ciertas relaciones, a nuestros hijos o nuestros sueños más profundos.
A veces vivimos gran parte de la vida cristiana, pero en nuestro interior nos preguntamos en silencio, Señor, ¿verdaderamente puedo confiarte cada área de mi vida?
El patriarca del Antiguo Testamento, Abraham, demostró una de las mayores expresiones de confianza en Dios que encontramos en las Escrituras. Dios le prometió un hijo, Isaac, cuyos descendientes bendecirían al mundo. Y Dios cumplió esa promesa milagrosamente, aunque Abraham y su esposa, Sara, ya estaban entrados en años.
Pero luego, en un giro desconcertante, Dios le pidió a Abraham que sacrificara a Isaac.
Si yo hubiera sido Abraham, reconozco que esta orden me habría hecho dudar. Pero Abraham obedeció sin demora.
Cuando Abraham colocó a Isaac sobre el altar de madera y levantó el cuchillo para quitarle la vida, el ángel de Dios intervino…
—¡No pongas tu mano sobre el muchacho!—dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo (Génesis 22:12).
Abraham abrió sus manos voluntariamente y le entregó todo a Dios, incluso a su hijo más preciado. Las Escrituras nos dicen que estaba tan seguro de la bondad de Dios, tan convencido de Su capacidad para cumplir Sus promesas, “Abraham llegó a la conclusión de que si Isaac moría, Dios tenía el poder para volverlo a la vida” (Hebreos 11:19a, NTV).
Esa es la clase de fe que deseo, y me imagino que tú también. ¡Porque es esa fe firme la que nos conduce a la vida abundante y plena que Jesús promete (Juan 10:10)! No experimentaremos todo lo que Dios tiene para nosotras si vivimos con una fe que le niega a Dios cada parte favorita de nuestras vidas.
Jesús nos pide todo. Abraham estuvo dispuesto a colocar a su hijo sobre la madera porque sabía que Dios (Aquel que, siglos después, entregaría a Su propio Hijo en una cruz de madera) cuidaría con fidelidad de su tesoro más valioso.
Esto mismo es cierto para ti y para mí, querida hermana. El Dios que no nos niega nada puede recibir cada parte de nuestra vida con confianza total.
Dios, perdóname por negarte parcelas de mi vida. Ayúdame a confiarte todo, descansando en Tu bondad y en Tu provisión. En el Nombre de Jesús, Amén.
Seamos sinceras por un momento. Existe una versión de ti que se muestra fuerte y capaz … y luego está la versión que, a las 10 de la noche, se pregunta si realmente está preparada para lo que Dios está obrando. Unpolished fue creado para ella. No para la versión perfecta. No para la versión segura de sí misma. Para la versión real de ella. Este diario de reflexión gratuito te ayuda a tomar pausa, a ponerle nombre a lo que te ha estado frenando y a reconocer dónde Dios ya ha estado obrando en tu historia (incluso en asuntos pendientes). Sin ninguna presión para cierto desempeño. Sin necesidad de impresionar. Solo un espacio para decir la verdad y permitir que Él te encuentre ahí. Si sientes que algo dentro de ti está cambiando últimamente, no lo ignores. Descarga tu copia gratuita de Unpolished y comienza el proceso.
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Salmo 84:11, Pues el SEÑOR Dios es nuestro sol y nuestro escudo; él nos da gracia y gloria. El SEÑOR no negará ningún bien a quienes hacen lo que es correcto. (NTV)
¿Qué aspecto de tu vida tiendes a negarle a Dios? Examina en oración tus relaciones, hábitos y posesiones, y pídele al Señor que te muestre dónde le estás negando algo.
¿Cómo sería dar un paso de fe, abrir tus manos e invitar a Dios a entrar en ese lugar? ¡Nos encantaría saber de ti! Compártelo con nosotras en los comentarios.
© 2025 por Meredith Houston Carr. Todos los derechos reservados.
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