El SEÑOR mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos. Éxodo 14:14 (NTV)
No me di cuenta de lo fuerte que me aferraba a la vida hasta que me senté en el suelo del ático para preparar la mudanza. Me rodeaban cajas llenas de polvo. Tenía en las manos unos zapatos diminutos que habían calzado unos piececitos que ahora ya habían crecido y, de forma inesperada, me brotaron las lágrimas.
No se trataba sólo de que hubiera pasado el tiempo. Era el dolor persistente de intentar ser suficiente, no solo para mis hijos, sino para todos y para todo.
Algunas mañanas me despertaba ya preparándome para afrontar el día. Antes incluso de tocar el suelo con los pies, mi mente repasaba conversaciones, decisiones y responsabilidades. No había sucedido nada trascendental, pero sentía el pecho oprimido, como si algo pudiera salir mal si no mantenía todo bajo control.
Quizá conozcas esa sensación, ese temor silencioso que te invade cuando piensas que, si algo falla, todo podría fallar.
En algún momento, empecé a vivir como si Dios estuviera conteniendo la respiración y esperando a ver si yo lo iba a hacer bien, como si Su amor dependiera de mi desempeño. Cargaba con el peso de los resultados, midiendo mi fidelidad por mi capacidad para evitar que las cosas se desmoronaran.
Entonces leí las palabras llenas de gracia de Éxodo 14:14, “El SEÑOR mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos”.
Este fue el mensaje de Dios a los israelitas cuando se encontraban atrapados por el Mar Rojo y el ejército del faraón que se acercaba por detrás. El polvo subía en el horizonte. Lo que temían estaba cerca, pero Dios no les ordenó hacer nada más, sino confiar en Él. La obediencia no parecía impresionante, más bien era quedarse quietos mientras el miedo les oprimía. La tranquilidad no era debilidad, sino fe.
“El SEÑOR mismo peleará por ustedes”, dijo. No solo “ayudará”. No solo “aconsejará”. Él peleará.
Dios no pedía a Su pueblo que negara el temor, sino que recordara Su poder para defenderlos. Aquel que gobierna los mares no se deja intimidar por los ejércitos. Aquel que había liberado a Su pueblo antes, no los abandonaría ahora.
Ya sea que estemos lidiando con la maternidad, el matrimonio, la soltería, la salud o el envejecimiento de nuestros padres, las presiones a las que nos enfrentamos pueden ser diferentes a las del antiguo Israel, pero el peso y el temor siguen siendo reales. Afortunadamente, la promesa de Dios sigue vigente.
La tranquilidad no consiste en no hacer nada; es soltar nuestro control, dejar ir aquello que creemos que debemos controlar y confiar en Dios, Quien obrará de maneras que nosotras no simplemente podemos. ¿Y si parte de lo que estamos cargando nunca nos correspondía cargar?
A menudo caigo en la creencia de que, si planifico con cuidado, puedo asegurar el mejor resultado o evitar aquello que me da miedo. Pero el esfuerzo nunca ha partido un mar; solo agota el alma.
Estoy aprendiendo a hacer una pausa, a respirar y a ponerlo todo delante de Él. Algunos días, eso no es más que una oración susurrada pidiendo ayuda.
En lugar de controlar cada detalle, podemos encontrar la paz verdadera descansando en Aquel que lucha por nosotras y vence batallas que superan nuestras fuerzas. Tú y yo no tenemos que sostenerlo todo. Cuando no podemos, Él nos sostiene.
Amado Dios, gracias por encontrarme justo donde estoy. Cuando el temor me invade, recuérdale a mi corazón que no hay batalla demasiado grande ni carga demasiada pesada para Ti. Ayúdame a soltar lo que estoy sosteniendo y a descansar en la verdad de que Tú peleas por mí. En el Nombre de Jesús, Amén.
A menudo vemos la vida de manera muy lejos de la realidad que anhelamos. Lysa Terkeurst lo entiende muy bien. Ella ha descubierto que, ya sea que estemos lidiando con desilusiones diarias o pérdidas que alteran la vida, podemos encontrar una fortaleza inesperada a medida que luchamos entre nuestra fe y nuestros sentimientos. En No debería ser así, Lysa nos invita a entrar en su propio camino de fe, y nos ayuda a procesar mejor las expectativas no satisfechas y otras situaciones dolorosas. Aprendemos el secreto de ser firmes y no entrar en pánico cuando Dios realmente nos da más de lo que podemos manejar.
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Mateo 11:28-30, »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana». (NVI)
Jesús no avergüenza a los cansados ni se aleja de los agobiados. Nos invita a acercarnos. ¿En qué área de tu vida llevas una carga que Jesús nunca te pidió que llevaras? ¿Cómo sería acudir a Él hoy con ese peso en lugar de seguir adelante un día más por tu cuenta? ¡Nos encantaría escuchar de ti en los comentarios!
© 2026 por Jackie Smith-Bell. Todos los derechos reservados.
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