Devocionales

La buena noticia sobre las malas noticias

23 de junio de 2022
Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Hebreos 4:16 (NVI)

«¿Escuchaste las noticias?»

Abrí los ojos a la luz de la mañana, el rostro de mi esposo me miraba seriamente.

«Rusia invadió Ucrania».

La noticia cayó como un ladrillo en mi corazón, y volví a taparme la cabeza con las sábanas. Esto no puede estar sucediendo. Pero era cierto.

Durante las siguientes semanas, leí obsesivamente actualizaciones sobre la situación en Ucrania, el país que bordea a mi tierra natal. Tanto mi esposo como yo crecimos en Rumania y, aunque estaba agradecida de que el conflicto permaneciera lejos de los hogares de mis familiares, me dolía el corazón por las familias desplazadas, los hospitales bombardeados y las muertes sin sentido.

Parece que estamos rodeadas de malas noticias en estos días, no sólo ahí afuera, sino también en nuestras iglesias locales, en nuestros hogares y en nuestros propios corazones.

El mensaje de texto sobre los cambios en el liderazgo de la iglesia.
Los síntomas dolorosos de nuestro ser querido que evaden un diagnóstico.
La notificación en línea de que alguien más obtuvo lo que tanto anhelábamos.

Vivimos en un mundo quebrantado, y, por más que lo intentemos, no podemos escondernos del dolor debajo de una frazada, en la despensa o en una maratón de Netflix. Esos mecanismos de afrontamiento nunca nos traerán paz, porque la paz viene en la forma de una Persona: Jesús, el Príncipe de Paz.

Esa es la buena noticia sobre las malas noticias: allana el camino para que corramos hacia Jesús. En pocas palabras, cuando nuestro mundo se siente como si se estuviera desmoronando, podemos caer en los brazos de Jesús, Aquel que nos da la bienvenida cada vez.

Y el Príncipe de Paz nunca nos rechazará. Solo mira cómo respondió Jesús a aquellos que acudían a Él necesitados y quebrantados:

  • Cuando las “personas importantes” marginaron a los niños pequeños, Jesús los acogió, los abrazó y pronunció una bendición sobre sus vidas (Mateo 19:13-15).
  • Cuando un joven gobernante rico estaba tratando de encontrar su camino, sin darse cuenta de lo espiritualmente necesitado que estaba, Jesús lo miró con amor y compasión (Marcos 10:21).
  • Cuando una madre tierna suplicó por su hija enferma, Jesús elogió su fe y sanó a su hija inmediatamente (Mateo 15:21-28).
  • Cuando una viuda lamentó la muerte de su único hijo, Jesús se compadeció. Luego extendió la mano y resucitó al hijo de la viuda de entre los muertos (Lucas 7:13).
  • Cuando Lázaro murió, aunque Jesús sabía que su muerte era temporal, Jesús todavía lloró por la devastación y el dolor causados por la muerte (Juan 11:35).

Estas historias revelan que Jesús sabe lo que significa ser humano. Él sabe lo que es vivir en un mundo roto. Sabe lo que se siente estar decepcionado, herido y traicionado. Es el Varón de dolores, conocedor del duelo. Después de todo, Él es Emanuel, Dios con nosotras.

Por eso nos invita con los brazos abiertos: “Vengan a mí…” (Mateo 11:28, NVI). Porque cuando llevamos nuestras cargas a Jesús, Él se hace cargo de nuestras cargas. Mientras que nuestras amigas pueden ofrecer un oído que escucha y un hombro comprensivo para llorar, Jesús se ofrece a Sí mismo.

Él es nuestro Gran Sumo Sacerdote que siempre intercede por nosotras, quien camina con nosotras en el dolor y que nos da Su propio Espíritu como promesa de lo que está por venir. Él no nos deja desamparadas y sin esperanza. Y eso es verdaderamente una buena noticia.

Como dice nuestro versículo clave, podemos en oración, “… [acercarnos] confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos” (Hebreos 4:16).

Este es el privilegio de la oración como descanso: descansamos en la presencia de Dios, no porque no exista nada malo en el mundo, sino porque confiamos en Aquel que arregla todas las cosas.

No importa lo que te esté agobiando hoy, llévaselo a Jesús. Te está esperando con los brazos abiertos.

Precioso Jesús, Tu amor es demasiado maravilloso para comprenderlo. Gracias por interceder continuamente por nosotras. Es por Ti y por Tu sacrificio perfecto que nos atrevemos a presentarnos ante el Padre con lo que tenemos en el corazón. Y lo hago ahora. [Tómate un momento para poner en palabras lo que te está agobiando.] Confío en Ti con las cosas buenas y las cosas difíciles. Y te amo también. En el Nombre de Jesús, Amén.

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Romanos 8:34b, Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. (NVI)

Imagínate a Jesús parado a la diestra del Padre, orando por ti. ¿Qué está diciendo? ¿Cómo está respondiendo el Padre? ¿Qué está añadiendo el Espíritu a través de Sus gemidos indecibles a tu favor?

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© 2022 por Asheritah Ciuciu. Todos los derechos reservados.


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